viernes, 30 de marzo de 2012

1.

Cuando, como por arte de magia, todo cobra sentido de nuevo. Por fin ves la ansiada luz al final del túnel, acercándose, con una suave brisa que te acaricia la cara… Y por un momento te detienes, tienes miedo de avanzar por lo que pueda venir después. Y te giras y ves todo lo que has pasado, las noches en vela, las lágrimas derramadas, la tristeza y el dolor… No quieres volver a pasar por todo ello, no te apetece volver a caer y perderlo todo. La idea de no moverte de esa constante oscuridad no suena tentadora, pero sí cómoda. Aunque es una comodidad intranquila, poco segura y que no invita a permaneces en ella por mucho tiempo.

Así que sigues avanzando, caminas hacia esa luz esperanzadora, cálida y atrayente. Estiras un brazo y casi alcanzas a tocarla, tan pura, tan cercana Sigues asustado , pero ése miedo se mezcla con las ganas de saber qué te espera a la salida. Y llegas. Sólo hay paz, es un prado con un riachuelo. Apacible y tranquilo, invita al amor.

Y esa luz eres tú. Esa calma, eso que me da miedo y a la vez me llama la atención. Aquél foco de esperanza e ilusión que me proporcionan tus palabras, tus brazos, las promesas que nos hicimos, las noches de lágrimas y los días de felicidad. Todo lo que me has dado sin tocarme y lo que nos queda por darnos.

El amor. Ese amor puro y limpio, joven, fresco y con el punto justo de picardía, las caricias y los susurros tímidos. Las ganas que tenemos el uno del otro, la sinceridad y el cariño.

Todo lo que nos hemos dado, todo lo que nos queda, todo. Todo eso que nunca podré agradecerte lo suficiente.

Y sólo me sale decirte que te quiero, aunque tú ya lo sabes.

viernes, 23 de marzo de 2012

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Dicen que cuando estás enamorado todo a tu alrededor cambia. Las flores son más bonitas, el Sol brilla más, la gente es más simpática...Pues bien, yo tengo otra teoría. Cuando nos enamoramos, si es amor de verdad, no nos paramos a pensar en las flores, el Sol o la demás gente, porque lo único que tenemos 24 horas al día en la cabeza, es la imagen y el nombre de esa persona.
Y yo tengo el tuyo, así que por consiguiente, lo que siento es amor. No olvido ni un segundo de nuestras conversaciones, me viene todo el rato tu nombre a la boca, veo un chico que puede parecerse en algo a ti y me ilusiono para luego caer en la cuenta de que no te llega ni a la altura del betún. Porque tú eres único, brillante, perfecto. La envidia de cualquier astro, porque tu luz es mucho más fuerte. Eres la estrella que un día bajó a mi ventana y se quedó ahí, quieta, haciendo que mi curiosidad por ella aumentara hasta el punto de necesitar leerla cada día, varias veces.
 Eres tú el que poco a poco me demostraste que no hay imposibles, que aunque creyera que todo estaba perdido siempre había algo por lo que luchar...algo que adquirió nombre y apellidos, ciudad, altura, ojos color mar, mar de sentimientos que fuiste abriendo en mí...y te quiero por ello.
Brindo cada mañana por todas las palabras dichas, por cada sentimiento plasmado, por las ganas de comernos, por la necesidad de sentir tu respiración acelerarse, pero sobre todo por aquel primer "te quiero" tímido que escribieron tus manos y que sintió tu corazón. Aquel que nos ha traído miles más, millones de mariposas en el estómago bailando y haciéndole notar que cada día eras más imprescindible.
Algo que por el momento queda así, pero que cada día avanza hacia un futuro repleto de besos.

sábado, 3 de marzo de 2012

Un día, un sueño, una realidad.

Despierto y ahí estás, dormido aún, con esa carita de niño que tanto me gusta. Me levanto y te tapo, como al tesoro más valioso del mundo, con cuidado de no molestarte. Pero tú ya estás despierto y me coges la mano, sonríes y me atraes hacia ti. Un largo y perfecto beso que me demuestra una vez más lo maravilloso de tenerte. Con él, me das la vida cada día. Y sin saber cómo, el mismo impulso para levantarme de la cama, me traiciona y me hace volver a ella, contigo, para dártelo todo. 

Ahora si, ambos en pie, empezando bien el día. Sonriendo, como en una película, contigo en la cocina, preparando algo para desayunar, sin prisa, todo con mucha luz y mis ganas de más me obligan a abrazarte por detrás y susurrarte que te amo. Tu ríes, y te giras, tus manos en mí, deslizándose hacia mi cintura, mientras me miras, con esos imponentes ojos, y me dices algo precioso que me provoca un escalofrío. No importa lo que me has dicho, sólo el hecho de que vuelvo a besarte y me siento feliz.

Salgo a la calle, contigo, casi flotando del amor que siento, y tú sigues riendo, porque parezco una niña cogida a ti, mientras la gente nos mira, imagino que envidiando nuestra felicidad ya de buena mañana. La felicidad de una primavera, una juventud, el amor…

Y así transcurre el día, juntos, amándonos tan solo con mirarnos, entre bromas, risas y abrazos. Besarnos en cada farola, sin un motivo, sólo celebrar otro minuto juntos. Queriéndote y sabiendo que cada vez que me miras y sonríes te enamoras más de mí. Sin presiones, sin prisas, tiempo, todo el del mundo para nosotros. El regalo de una mirada, la dulzura de un beso, el aire que sale de tus labios al decirme que me quieres.

Acabar el día contigo, en casa, abrazados y que nos sobre hasta el aire que hay entre nosotros. Quererte, acariciarte, besarte. Tú, yo, palabras que llevan a besos, besos que llevan a la cama. Cama que nos llama y nos invita a hacer el amor. Con ternura y calma, entre algodones, bajo la mirada de la Luna, que nos observa y se sonroja desde la ventana.

Y volver a despertar al día siguiente, que la historia se repita. Pura fantasía e imaginación que el día que menos lo pensemos llamará a nuestra puerta convertida en realidad.