lunes, 24 de diciembre de 2012

Mensaje de Navidad


¿Por qué en Navidad es obligatorio y necesario reunirse con toda la familia mil veces en dos semanas? Es más, si no hay un montón de paquetes bajo el árbol y un plato de langostinos encima de la mesa... ¿no es Navidad?
Hemos llegado a un punto en el que por mucho que nos empeñemos en decir que conservamos el espíritu Navideño al montar el arbolito con la estrella y un pesebre lleno de musgo artificial y nieve de corcho, pero no es así. Quedará raro, incluso repetitivo que venga yo a deciros esto, pero la Navidad va más allá de las cenas copiosas y la ingesta masiva de polvorones. La Navidad es un tiempo en el que nos reunimos con la gente que queremos para estar a gusto, no porque toque hacerlo. Ver el día 25 de Diciembre a esa tía que no has visto en todo el año, a tu primo segundo que la última vez que lo viste era una ecografía y a la abuela que habéis sacado de la residencia por el simple hecho de que “es Navidad”.
Y los regalos...antes, cuando mis padres y los vuestros era pequeños, aquí se celebraban los Reyes Magos, nada de Papá Noel. Como mucho en Cataluña tenemos la tradición del Tió por Noche Buena, pero en ningún sitio estaba estipulado que un señor gordo, vestido de rojo y con un saco, entraría por nuestra chimenea y nos colocaría algún paquetito debajo del árbol. De ahí que en la mayoría de hogares españoles reinase la preocupación infantil generalizada de no tener chimenea en el comedor. ¿Por dónde entraría entonces ese señor que más que un hombre afable era como nuestro hombre del saco? Ahora todo ha cambiado. Y cuando eres pequeño adoras que el 24, justo a media noche, alguien haga una mueca y te diga “¿has oído eso? Ha llegado Papá Noel”. Y correr a abrir los regalos, papeles tirados por el suelo, una muñeca, otra, y otra más, vestiditos, dulces... Sería muy hipócrita por mi parte denunciar ese comportamiento infantil ahora, porque hace nada yo era esa niña con coletas que disfrutaba como una loca desenvolviendo papeles, pero señores, la Navidad no es sólo eso.
La Navidad, al margen de ser creyentes o no, es un tiempo de reflexión, de reunión con uno mismo y de valoración de nuestros actos. Hay que sacar un momentito, en la ducha tal vez, para pensar en las cosas que hemos hecho bien y en las que deberíamos mejorar. Tal vez un poco más de esfuerzo académico, puede que alguna palabra amable a esa persona que se esfuerza por hacerse querer. Valorad vuestro año. ¿Tal vez habéis conocido a alguien importante? ¿Un viaje memorable? ¿Se ha acabado vuestra historia de amor o habéis empezado una? No importa lo que os venga a la mente, haced una lista y leérosla un par de veces. Todos habéis pasado por un momento extremadamente doloroso para vosotros, algo que nadie entiende pero que para vosotros fue horrible. Pero seguro que en esa lista también hay cosas geniales. Y si sois un poco avispados nada de lo que haya en vuestra lista se podrá comprar con dinero. Esa sonrisa cómplice en el autobús o el metro, esa caricia de un ser querido, la satisfacción personal de un examen aprobado...
Ahora pensad en esta noche. Una mesa bien puesta, langostinos, salmón, sopa calentita, una copa de vino...qué perfecto. Por un momento olvidaros de lo felices que seréis abriendo algún regalo y viendo a la abuela agarrar la botella de anís para cantar un villancico en inglés del cual se inventará la letra. Pensad en las noticias, en el telediario de las tres de la tarde que habéis visto a medias tumbados en el sofá y medio dormidos. La de gente que no tiene casa en Navidad, desahuciados, gente sin dinero ni para pipas, niños que no sólo no tienen regalos, sino que no tienen nada que llevarse a la boca en unas fechas tan señaladas. Para esa gente es Navidad, como para nosotros. Y sientes lástima, puede que impotencia porque la noticia siguiente es la cantidad de dinero que alguien se llevó creyéndose el rey del mundo... Pero te das la vuelta y duermes. Tú no puedes hacer nada por esa gente, ¿verdad? No puedes acogerlos a todos en casa y darles de comer...
Navidad, Navidad que al parecer sin dinero deja de serlo. No seamos hipócritas, la Navidad es Navidad para nosotros que podemos comprar langostinos y para ellos que dormirán en un portal. Hace el mismo frío, tenemos la misma hambre, nos apetece un polvorón de la misma forma. La diferencia es el abrigo que tenemos, la sopa que nos pondrán delante y los dulces que no comeremos ninguno, eso sí, nosotros por miedo a engordar.
Cuando esta noche os sentéis a cenar, me gustaría que pensarais lo afortunados que sois y que dieseis gracias a quien sea, Dios, la madre que ha cocinado o el pescador que cogió esas gambas tan ricas, por poderos sentar un año más a la mesa y quejaros de que la sopa quema, de que el jersey nuevo pica o de que vuestro hermano no os pasa el agua. Me gustaría que en cada una de vuestras copas, esta noche además de vino hubiese un poquito de humildad y de recuerdo para todos aquellos que no tienen nada ni a nadie. Y que antes de contar cuántos regalos llevan vuestro nombre, contaseis cuantos niños no tendrán regalos.

Feliz Navidad.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Un triste final.

No lo hacía por nadie más que por ella. Sentada en la bañera con el agua regándola desde arriba, su melena negra pegada a la cara y el cuerpo. No sentía frío, ni tampoco calor. Era placentero llorar ahí metida, en un espacio pequeño con el agua resbalando por su piel porque así no se tenía que parar a contar las lágrimas que derramaba sobre la cama o su sudadera, sino que estas se largaban por el desagüe...En un gesto egoísta y repentino puso el tapón. Quería retenerlas allí con ella, eran suyas, su carga, lo que sentía en forma de pequeñas gotas. Sentía que con ellas allí todo tenía más sentido y que lo que hacía estaba más justificado. 
Lo dispuso todo de una forma casi armónica. De fondo sonaba aquella melodía dulce de piano y el olor a incienso se mezclaba con el vapor del agua caliente. Miró un ratito el techo y quedó absorta por el juego y el reflejo que el agua hacía con la luz en él. 
Al acabar esa triste canción, la voz rasgada de Kurt Cobain la empujó a coger la cuchilla, pequeña e inofensiva y a acercarla a su cuerpo. Sabía que los cortes en las muñecas levantarían sospechas, era verano...repasó por un momento su cuerpo y decidió que los tobillos eran la mejor solución. Uno a uno, pequeños cortes dejaban salir hilitos finos de vida, como un paso de cebra sobre la piel. Cuando tuvo uno de los tobillos inundado en sangre se dio la vuelta y aspiró con fuerza una de las rayas de ese polvito blanco tan bien hecha. Le sentó bien y creyó que sería porque la había aspirado con la última carta que él le escribió. Le caían lágrimas al tiempo que el sabor amargo de la cocaína se apoderaba de su garganta. El estribillo de Smells like teen spirit la llevó a tomarla con su otro tobillo, esta vez más segura de sí misma, más fuerte, más inconsciente. Y otra raya desapareció de encima de aquél viejo libro de filosofía. La droga se apoderaba de sus sentidos, el rímel se mezclaba en la bañera con el agua, las lágrimas y la sangre. "Joder, como escuece, me cago en la puta de oros..." Pero no paraba, una y otra vez agarraba aquella cuchilla para rasgarse. Sus cortes eran cada vez más largos, más profundos. 
Llegó un punto en que supo que ya todo era igual. Que lo único que conseguiría sería un dolor intenso y no poder andar al día siguiente. Y quería evitar ese dolor...Aspiró otra con fuerza, con esa ya eran tres. Todavía quedaba una, el final agridulce. Su capacidad cognitiva había disminuido hasta tal punto que no era consciente ni de su propio dolor. Determinó que ahora una línea fina en el tobillo no era suficiente así que cogió el pequeño utensilio con más fuerza que antes. Miró su brazo izquierdo y se sonrió. La bañera estaba llena a la mitad. Tras el corte, acabó con la última raya de cocaína, desplegó el rulo improvisado y leyó la carta. Acto segido submergió la cabeza en el agua y durmió. 
La encontraron al poco rato, cuando el agua ya llegaba fuera del baño. Como dormida, hasta arriba de cocaína, con la carta en una mano y el nombre de él rajado en el brazo izquierdo. 
Un triste final.

martes, 23 de octubre de 2012

Fue el beso que nunca se dieron


El roce suave de sus manos como queriéndola atrapar, el perfume de su ropa acariciándola con ternura y la bonita sonrisa, amplia y satisfactoria que se le dibujaba en la cara, eran motivos más que suficientes para volverla loca. Se dejaba llevar por el vaivén de la música en aquella pequeña sala llena hasta reventar pero que para ella estaba vacía. Sólo el foco grande que cambiaba de color la hacía rozar con la punta del alma la cruda realidad. Las canciones transcurrían con el intermedio necesario para que se recordase a sí misma que aquello no era real, que era una estrella fugaz posada en su alféizar, que acabaría por terminar el sueño de aquella noche de verano.  Y ya nada volvería a ser lo mismo.
Le miró de nuevo y se perdió en aquellos ojos que parecían quererlo todo. Él apenas se daba cuenta de lo que por la mente de aquel corazón desconsolado pasaba, solo sonreía porque la creía feliz. Ella, dándose un poco de rienda suelta, se acercó a su oído y susurró algo que nunca debía haber salido de esos labios. Sintió que la música dejaba de sonar, que la gente a su lado se paraba y al miraba. Aquel “te quiero” retumbó en su boca y después en su corazón, la ahogó hasta matarla.
Entonces le miró y creyó entrar en calma cuando le vio sonreír y brillar como ella. Pero no, volvía a equivocarse. Él tomó sus manos con una fuerza llena de dulzura y las posó sobre su cintura, sin dejar de mirarla. En ese momento se acercó a ella y en un susurro la desmontó: “Esto es lo que querías, ¿no? Pues ya lo tienes, no voy a ofrecerte más, no puedo”.
Una copa cayó al suelo al tiempo que ella dejó de tocarle. Una legión de lágrimas incontroladas se apoderó de sus ojos y la tristeza la hizo su prisionera. En el fondo él no había entendido nada, pero no iba a explicárselo de nuevo así que se limitó a enterrar lo que sentía, se atusó el pelo y le sonrió radiante. Aquella noche era suya, ya habría tiempo de acabar de encerrarse en su caparazón más tarde. Tenía toda la vida para hacerlo.
Las horas transcurrieron entre bailes y risas forzadas hasta que la joven miró su reloj CASIO de pulsera, regalo de unas Navidades, y determinó que era hora de marcharse. Se lo comunicó a su compañero y se dispuso a marcharse. Lo que ocurrió a continuación fue tan rápido que no sirve una oración para explicarlo.
Fue un roce, sus manos agarrándola por el brazo, un tropiezo, una mirada, tenerle delante. Fueron sus labios acercándose al cuello de ella, unas manos que acariciaban a lo largo de una espalda y mil susurros. Fueron ambos a pocos centímetros el uno del otro. Fue el beso que nunca se dieron. Más tarde fue ella volviendo a casa con ganas de más y él dándolo todo por acabado.
Fue la historia en la que no se entendieron y en la que se tuvieron más cerca que nunca y a la vez tan lejos que ni se rozaron sus corazones. En la que fueron más suyos…En la que fuimos más “tú” y más “yo”.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Las princesas de los cuentos no siempre son chicas de tez fina y ojos grandes, con una melena larga y sedosa que ondee al viento y un cuerpo de porcelana. No siempre llevan vestidos largos y zapatitos de cristal. Es más, hay veces que ni su cuento tiene un final feliz ni ellas son princesas realmente. Puede que solo fuesen chicas queriendo pretender ser felices en medio de todo este lío de gente llamado mundo. 

Vidas anónimas que nunca serán contadas, bailes de gala que nunca se celebrarán, príncipes que al besarlos se convertirán en sapos...Los cuentos, y siento ser yo quién os lo descubra, no existen. Nadie nace con el cuento feliz y la historia de amor tierna y preciosa dictados. Eso son cosas que tenemos que ir escribiendo nosotros día a día, entrando en el juego del caprichoso destino, enredándonos con cada gesto, enamorándonos de un olor.

Yo el mío lo empecé ya hace tiempo, y mi princesa de cuento estaba encerrada en un caparazón que pretendía aislarla del mundo exterior para no sufrir. A lo largo de los capítulos, ha ido siendo engañada, salía de su fortaleza y al poco tiempo volvía a estar en ella y se juraba no salir nunca más. Pero no es una princesa fuerte, no. 

Una vez pensó que aquella era la oportunidad definitiva y decidió no salir ella, sino dejar entrar al enemigo en casa. Ciertamente durante un tiempo fue un huésped excelente, educado, servicial, pero cuando mi Wendy quiso mostrar sus sentimientos verdaderos, descubrió que el pequeño Peter traía consigo una Campanilla que no ponía nada fácil las cosas. La princesa lo confesó todo al que un día creyó príncipe, y entonces, equivocada  avergonzada por el ridículo espantoso que había hecho, la princesa volvió a su cuento de tapas duras y amarillentas, ese que nadie abría porque no tenía un final perfecto, sólo tenía un punto y aparte a la espera de que alguien se lo reescribiese.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Al mal tiempo, buena cara.


Cuando lo único que queda es el recuerdo de lo que pudo ser y no fue, cuando paras más de cinco minutos y tu cabeza automáticamente se pone a pensar, cuando los ojos se te llenan de mil lágrimas y tú no haces nada por contenerlas dentro, entonces puedes darlo todo por acabado.

Se dice que si algo no tiene solución, no hay motivo para lamentarse, pues lo inevitable ocurrirá, pasará el tiempo y todo habrá acabado. Pero el ser humano no es tan racional como creemos, aunque pensemos que tomar las decisiones correctas nos hará felices y libres, hay que ser consciente y saber que no, que siempre seremos presas de nuestros miedos y pensamientos, de las reacciones de nuestras acciones. Es cierto que llegará un  punto que la herida dejará de doler porque tendremos otras cosas en las que pensar, incluso puede que tengamos heridas más profundas, pero aquella que nos dolió tanto en un tiempo pretérito nunca cicatrizará. Nos perseguirá la nube negra de saber que aquello lo hicimos mal, que alguien lloró por nuestra culpa o que amamos y no fuimos correspondidos, sea cual sea la cruz que carguemos ésta siempre nos acompañará.

No debemos culparnos o pensar en lo idiotas que fuimos, nunca hay que mirar atrás y lamentarnos por haber dicho alguna vez un “te quiero” cuando no se debía sentir, o haber perdonado hasta el punto de no retorno en el que nuestros cabreos carecen de valor. Siempre  llegará el momento de decir basta, de plantarse, de dejar de luchar. Porque la sabiduría popular nos enseña que una retirada a tiempo siempre es una victoria, y el sentido común dicta que nunca es tarde para retirarse.
El objetivo en esta vida es claro, en la jungla de los sentimientos lo importante es que no te coman. Deja que te muerdan, porque es inevitable, pero cuando la herida toque hueso y duela demasiado, entonces álzate contra tus propios sentimientos y los ajenos, lucha por cicatrizar rápido y muerde, muerde fuerte para que se enteren de que nadie en el mundo podrá contigo, que tú vales más que un amor frustrado, un insulto por la calle, la envidia de los demás.

Teje con las falsas promesas que te hagan, una manta para el invierno y cúbrete con ella cuando caigan las primeras nieves, recoge en botes de cristal las lágrimas que derramaste porque ellas serán tu fuerza. Guarda todos los malos recuerdos en un baúl y conviértelos en tus vientos, libéralos, Pandora, pues ellos te harán libre y evitarán, quizás, que tropieces mil veces con la misma piedra.
Vive, gana, pierde, llora o ríe, pero aprende a levantarte con una bonita sonrisa en los labios cada vez que caigas, porque al mal tiempo, buena cara. 

lunes, 3 de septiembre de 2012

El juego del amor.

Te das cuenta de que realmente hiciste el idiota cuando creíste ser algo que no eras, que te trataban diferente al resto cuando sólo eres una pieza pequeña en el puzzle de una vida. Sabes que por mucho que pensaste que no te ibas a arrepentir, las cosas han ido por caminos que no te esperabas o que no quisiste esperar.
La vida, igual que todas las cosas, es un montón de decisiones por tomar que se entrelazan y causan lo conocido como 'acción-reacción'. Una vez tomas una de estas decisiones ya no puedes volver atrás, así que lo óptimo es pensar bien antes de hablar, para no herir los sentimientos de nadie ni los tuyos propios. Es imposible tomar todas las decisiones de la forma correcta, pero lo verdaderamente importante es estar convencido al 100% cuando decides algo para que luego no te quede el sabor en los labios de poder haberlo hecho diferente. Afrontar las meteduras de pata nos hace crecer.
Yo escribo esto como método de reafirmación de mis propias decisiones, y en cambio no me creo o no hago caso de mis propias palabras. Siento dentro un arrepentimiento tan grande que me gustaría gritar y volver atrás para darme un capón y no dejarme cometer los errores que ahora pesan.
Há...irónico sentimiento la culpa. Primero te miras al espejo como un boxeador y te repites a ti mismo que sales a por todas, que te da igual a quien le joda porque tú quieres algo y vas a luchar por ello. Pero después de ese combate en el que parece que no has recibido más que las flores del vencedor, el mismo espejo que te animaba ahora muestra a alguien lleno de cardenales, los labios partidos y el corazón roto. Toca coser las heridas mientras tu adversario sigue ahí y lo sabes, porque él es consciente de que siempre esperarás el segundo asalto en el que por fin seas el verdadero vencedor. Tú tienes miedo de salir de tu cueva ahora que por fin estás dentro y prolongar el dolor es una tontería, así que adviertes que para cuando se decida a volver a salir al ring tu ya no estarás ahí y deberá buscarse otro oponente. Ninguno quiere asumirlo aunque ambos sabéis que es lo mejor. Y te retiras,con todo el dolor de tu corazón, porque en el juego del amor no hay segundos asaltos.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Momentos.

Momentos en los que miras atrás y sabes que has hecho cosas que no deberías, que has dicho palabras que no debiste haber pronunciado. Momentos en los que valdrá más la pena haber metido la cabecita en un agujero o quedarte en casa. Pero por extraño que parezca no cambiarías ni una coma de todo lo que pasó y dijiste, porque por un ratito fuiste feliz y tuviste lo que querías. Ratos que ni siquiera cuando los recuerdas los vives con la misma intensidad. Es como una botella de cava, que una vez descorchada va perdiendo bravura y las miles de burbujitas que salían de tu copa, ahora se apagan y no volverán a ser lo mismo. Tú te tumbas en la cama y piensas, recuerdas todos y cada uno de los movimientos que hicisteis, las palabras, los gestos. Sientes esa cosilla dentro, pero nada es comparable a lo que sentiste en ese momento, cuando positivamente sabías que no volvería a repetirse, que una vez se acabara aquel ratito, nunca regresaría.
Miras el espejo, te contemplas ahí de pie, te acuerdas de cuanto tardaste en decidir qué ponerte, elegir el color de uñas, el pelo...todo. ¿Y para qué? Si al fin y al cabo todo fue un instante, rápido, precioso y nunca recordará qué llevabas puesto o el brillo de tus ojos al oírle hablar. Te sientes tonta, hundida y triste, sientes que hiciste el ridículo más grande de tu vida y aún así te da igual. Puede que en ese momento soltases un lastre que te pesaba en el pecho, y ahora que ya no lo tienes te sientes liberada. Pero también puede que en el momento en que tú te liberaras, escucharas y te dieras cuenta de algo que no merecía la pena saber. Te jode, pero callarás y sólo te queda aguantar. Esperar sentadita y con cara de estar bien hasta que finalmente todo acabe, para bien o para mal.

viernes, 17 de agosto de 2012

Dicen.

Dicen, dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Yo, doy fe de la verdad que esconde esa frase. No pierdo la esperanza de volver a abrazarte, de volver a susurrarte mil y un deseos y aun más palabras dulces, cargadas de sentimientos. Y aun a riesgo de parecer demasiado frágil, te confesaré que cada vez que pienso en ti, lo que siento es tan grande que mi corazón se queda pequeño y me da a sensación de disminuir hasta no medir más de un palmo.
Dicen que el amor es el sentimiento más dulce, pero puedo confirmar que también puede ser el mas amargo. Porque el amor te puede dar la vida, pero por amor también se muere. Y yo, cada vez que miro a mi alrededor y veo que me faltas, muero un poquito más.
Dicen, dicen tantas cosas que la lista sería interminable. Todo lo que dicen te lo repetiría al oído, con voz suave y timida. Pero de todo lo que dicen, lo único que se decirte alto y firme es que te quiero. Eso debería bastar, porque son dos simples palabras, pero esconden cientos de complejos pensamientos.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Era una noche de aquellas de ventana abierta y cielo despejado en que el calor no te deja pegar ojo. Paseaba arriba y abajo por su cuarto, haciendo balance de aquél verano. Tal vez el mejor de su vida, divertido, mil fotos como recuerdo y largas noches de fiesta. Sonrió al acordarse de aquél lío una noche. "No estuvo mal" pensó.
Agosto entraba por la puerta sin llamar siquiera, el verano casi tocaba fin. El nuevo curso comenzaría entre universitarias preciosas y asignaturas no tan atrayentes. Sentía curiosidad por ese nuevo mundo y sabía que le iría bien porque tenía don de gentes, por lo general caía bien a los demás y los estudios siempre le fueron satisfactoriamente bien. Se alegraba de verse así, realizándose poco a poco, rodeado de gente estupenda que le quería. Sí, era feliz.
Nada podía preocuparle. Nada, salvo el hecho de no poder pegar ojo debido a las altas temperaturas. "Como el calor vaya a más, yo me mudo a la nevera" se repetía continuamente. Leía algo, se quedaba mirando el techo, tal vez hablaba con alguien de vez en cuando...nada entretenido a las 2:30 de la madrugada de un miércoles de Agosto. No quería pensar en nada para no agobiarse, pero tampoco sabía dejar la mente en blanco, así que se le ocurrían mil cosas.
Fue a la cocina a por agua, fría, helada, que le hacía daño al bajar por la garganta y se le clavaba en el estómago como un puñal. Pero le sentaba bien. Al darse la vuelta y ver la cafetera se acordó de un café pendiente pero no le dio mayor importancia y siguió pensando en que odiaba Badalona y su clima mediterráneo, el calor asfixiante y no poder dormir.
Al volver a su cuarto se estiró en la cama y oyó caer algo de lluvia mientras cerraba los ojos de puro agotamiento. No pensaba en nada en concreto, nada, vacío, blanco. Notaba cómo el sueño se apoderaba de su cabeza y lo transportaba hacia otro lugar.
Y entonces, antes de quedarse completamente dormido, tuvo una visión, algo casi difuso...Supo que era ella.

A mi fan nº1.

martes, 26 de junio de 2012

Silencios sabor a mar.


Era una mañana radiante, libre de preocupaciones y problemas. La cortina estaba abierta y entraba un tímido rayo de luz que apuntaba de una forma casi intencionada hacia el calendario. Después de desperezarme y vestirme, recordé la montaña de cosas y encargos que tenía que hacer aquella mañana de domingo, pero acabé determinando que todo aquello esperaría al lunes. Era su día, el nuestro, y pensaba disfrutarlo como ella querría. Así que después de desayunar me puse la chaqueta y me dirigí hacia la floristería. Habiendo comprado unas bonitas rosas rojas y frescas, como las que crecían en nuestro jardincito, decidí poner rumbo al lugar más importante del mundo. Allí donde nos conocimos, donde paramos a tomar un helado. Aquel lugar, ahora mudo, que había oído todo lo que de nuestros labios llegó a salir…
Poco tardé en llegar al gran espigón que se abría paso en el mar, imponente pero dormido. Caminar en él producía una extraña sensación liberadora. Poco a poco, cogido a la barandilla, me adentraba más y más hasta que de golpe…calma. No pude evitar sonreír. Mis ojos, secos ya de haber derramado lágrimas antes, eran felices de poder verla.
Hacía viento  y sus cabellos jugaban en él, largos y rubios, como los recordaba. Su figura perfecta me daba la espalda, sentada al final de aquel largo pasillo de hormigón. Llevaba un vestido blanco, precioso. Una tira le caía por la espalda y dejaba que un pequeño lunar se intuyese.
No podía avanzar. Mis pies no eran capaces de moverse y toda ella se me antojaba una aparición divina. De golpe se giró y al verme se puso de pie. Caminaba hacia mí como movida por la suave brisa marina, con una sonrisa tímida y una mirada dulce.
Yo ya era consciente de que había una posibilidad muy alta de que ella estuviese allí, esperando a que yo apareciese, ya que era mi obligación. En cambio, ahora que ya estaba allí y la tenía delante, sentía miedo, me asustaba mucho el hecho de que, habiendo pasado tanto tiempo, ella me rechazase. Mi actitud hasta el momento no podía excusarse de ninguna manera, no me había atrevido a visitarla ni una sola vez.
Con este último pensamiento llegó ella al punto donde yo me encontraba y pude sentir su mano en mi cara, con una suave caricia. No lograba entender cómo, después de todo lo que le había hecho, ella seguía mirándome a los ojos, de aquella forma tan dulce y tierna. Cogí aire dispuesto a intentar explicar la forma en la que había actuado aquél último año, esquivándola, evitando verla para no tener que afrontar nuestra situación desde el momento en que todo acabó. Pero entonces, con un gesto suave, como llevado por el viento, se llevó el índice a los labios, haciéndome callar, sonriendo. Se dio media vuelta hacia l apunta del espigón dónde la había visto en un primer momento. La seguí y nos sentamos, uno al lado del otro, en silencio, con los ojos clavados en aquel inmenso mar.
Las horas fueron pasando y, como en un monólogo, yo iba explicándole todo lo que había pasado aquel año en que ella había estado lejos de mí. Recuerdo haberle dicho mil veces que lo sentía, que sentía no haber tenido contacto con ella. Le expliqué mis motivos, el miedo, la forma con la que intentaba negar la realidad, de no aceptar que todo había acabado. Ella no decía nada, sólo me miraba, con aquellos ojos verdes que parecían perdonarlo todo. Sabía que en el fondo de su alma, aquel era un silencio compasivo.
Y cuando por fin me sentía bien conmigo mismo, se levantó. Brillaba como un ángel. Me miró y sin decir nada se lanzó al agua. Su cuerpo ligero se fundió con el agua salada del mar.
Yo, con lágrimas en los ojos, contemplaba irse aquella figura creada por mi imaginación igual que, hacía un año, había visto saltar de aquel espigón al amor de mi vida. Volvía a sentir la misma impotencia porque, aunque era producto de mi imaginación y del deseo incontrolado de sentirla cerca, intentaba no dejarla escapar de nuevo.
Poco a poco fui recuperándome. En el suelo estaba el ramo de rosas rojas y frescas. Lo cogí y con suavidad lo lancé al agua. Volviendo a casa subiéndome el cuello de la chaqueta decidí que dos veces al mes la visitaría. Visitaría su tumba y le llevaría rosas, como a ella le gustaría.
Desde entonces, cada 1 de Marzo vuelvo al espigón desde donde ella, mi razón de vivir, decidió acabar con todo, pasando a ser víctima de sus propios miedos, dejándose llevar por un impulso y regalando al mar su último suspiro. 

domingo, 17 de junio de 2012

Break down and cry.


Es de esos momentos en los que siento que culparé a gente que no lo merece, que gritaré y me encerraré en mí misma durante un tiempo y lo pagaré con todos, indiscriminadamente. Así que si alguien está leyendo esto, que me perdone de antemano. Nadie dijo que tomar decisiones fuese fácil, que no costaría ni una lágrima, que siempre que escogiésemos un camino sería el correcto. Es cierto, nadie lo dijo, pero cuando podrías hacer crecer una planta con la cantidad de gotas derramadas, cuando se te encoge el corazón comunicando una decisión, cuando te das mil veces contra un muro, sabes que algo está fallando. Y lo que fallan no son los demás, porque tú eres el denominador común en cada error. Puede que no tengas la culpa de que la relación entre aquellos dos no vaya tan bien como quieren creer, puede que tampoco sea tu error que tu propia relación no funcione, pero está claro que en ambos problemas estabas tú en medio. Cogiéndole cariño al novio de otra, intentando olvidarle queriendo a otro, pero tú, tú y tus decisiones siempre. Y luego todo pasa factura. Pierdes la amistad de alguien que te importa más de lo que te gusta reconocer, por cabezota, pierdes a lo que se supone que tenía que ser una relación por no haber sabido ver que cuando te pedía una relación no era lo mejor para ninguno… Y luego aparece alguien que está hundido y busca conduelo en ti, y sacas fuerzas de flaqueza para sacarle adelante. Pero entonces te pisa y te dice que está mal porque no puede hablar con la chica que le gusta porque le aconsejamos que no lo hiciera. Y tú piensas ¿También tengo la culpa de esto?
Así que explotas, lo mandas todo por el desagüe, gritas, estás borde, escuchas música triste y lloras, lloras mucho. Eso te durará un par de días, luego pretenderás haber aprendido algo y haberte hecho más fuerte, pero ni de coña, imposible, sigues siendo la misma niña de siempre, tonta, frágil, rayada e impulsiva.
Pero esta vez con varias personas menos a tu alrededor y más heridas abiertas que intentarás cerrar saliendo un viernes y bailando canciones chorra. Pero los verás, a cada uno por su lado y en mitad de la noche verás brillar una estrella, sabrás que no lo hace por ti, que tú no tienes estrella, que la tuya se cansó de brillar por alguien que lo hace todo mal, siempre. 

miércoles, 2 de mayo de 2012

"Tenemos que hablar largo y tendido" Así ha empezado algo que debía ser una conversación entre personas adultas y ha acabado derivando en una serie de voces por parte de mi madre y asentimientos por la mía. Por lo visto el concepto diálogo no lo tenemos muy desarroyado...Entiendo el miedo que pueden tener ambos a lo que pueda pasar, de hecho es normal que incluso yo sienta algo de pánico al pensar en lo que voy a hacer. Cierto es que siempre se me ha avisado de los peligros de Internet, de la gente que ronda, de todo lo malo. Pero lo siento, esta vez estoy segura, confío en ésa persona que hay al otro lado y sé que es cierto lo que cuenta. Sé que es un chico maravilloso, dulce y amable, sé que es quién dice ser. Y lo intento explicar en casa, yo tampoco elegí acabar enamorada de alguien a quien tengo lejos, alguien a quien no puedo abrazar a diario. Encima creerán que para mí es fácil...y en realidad me duele horrores. Pero si lo tiro para adelante será por algo..."No sabemos qué clase de persona es" Ya, muy bien, pero tampoco le dais una oportunidad. Puede que sea un puñetero príncipe, pero tú ya lo descartas. Cuento con que en su casa le habrán dicho lo mismo, que tenga cuidado, que no se deje engañar...Pero si lo miramos fríamente, jugamos en Barcelona, en mi campo, si algo malo sucediera sabría dónde acudir. Seamos realistas, hay miles de millones de personas detrás de una pantalla y no todos són violadores o pederastas. Hay veces que lo que hay detrás no es más que un chico rubito, de ojos inmensamente azules, puede que de unos 18 años, cariñoso, responsable, soñador...
Soy la primera en llevar cuidado con estas cosas, pero cuando algo es tan real, cuando alguien es capaz de cruzar medio país para pasar una semana al lado de ésa persona...no hay nada oscuro, es puro y sincero. Es bonito, es un regalo.

domingo, 22 de abril de 2012

Antes y ahora.


Amaneció un día más sin ganas de nada. Miraba a su alrededor y no veía más que motivos para querer desaparecer. A su derecha, un montón de libros y otros tantos apuntes a la espera de ser revisados y estudiados. Un calendario le recordaba incesantemente que en pocos días caería sobre ella todo un seguido de exámenes sin pausa para el descanso y el relax que tanto necesitaba. Se levantó y verificó sus sospechas. Ni un mensaje de texto, una sóla llamada, nada que la acercase un poco al resto de la humanidad. Hacía tanto que se sentía sola y desamparada…le daba la extraña sensación  de que se hubiera puesto a charlar con el primer desconocido que pasase por la puerta de su casa.

Se miraba en el espejo y veía a una chica sin arreglar, despeinada y con el rímel corrido de tanto llorar. Ni rastro de la muchacha sensual y bonita que un día hubo, con aquellas curvas de escándalo, los labios perfectamente pintados de rojo pasión y vestida con un bonito a la par que corto, vestido negro y entallado. Le daba la sensación de que nada de eso volvería. Ahora se veía fea, con unos cuantos quilos de más y desganada. Creía entonces que no sería jamás deseada por un hombre como lo fue antes, cuando su vida y juventud transcurrían entre fiestas selectas y romances aún más cortos que sus vestidos.

Quedaba todo tan lejano ya… el tiempo no perdona y para ella aquella época de risas y noches veladas por el humo de un cigarrillo ya había acabado. No quedaba nada de la mujer que aparecía en un escenario y encandilaba tanto a hombres como a mujeres. No había ya ni un solo ramo de flores, con todos los que a su puerta habían llegado. Mensajes anónimos llenos de deseo y admiración. Nada, ya nada…

El boxeador


Alumbrado por la mezquina luz de una bombilla de pocos vatios, el viejo Jack, se disponía a repartir las ganancias de aquella provechosa noche. Paul, a su derecha observaba cada rincón de aquel antro pequeño y maloliente. No medía más de cuarenta metros cuadrados. De las agrietadas paredes que habían adoptado un color negruzco a causa de los años y la falta de pintura, colgaban viejos recortes de periódicos y fotos en blanco y negro. Una estantería polvorienta, una silla y una vieja mesa que cojeaba era todo lo que había en aquel cuartucho. De pronto Jack vociferó algo. Con el sobresalto, Paul perdió el equilibrio y resbaló, dejando caer de sus manos una pequeña figurita comprada en algún lugar de Florida.

-¡Bien muchacho!, doscientos de los grandes en un solo combate. ¡Si sigues así me retirarás antes de lo previsto!

Paul no dijo nada al respecto. Cierto era que se había convertido el orgullo del barrio, pues era el más codiciado púgil que se hubiera visto en muchos años. Pero Paul, no era feliz. Su sueño no era llegar a lo más alto del boxeo profesional. Recordaba bien cuando todo empezó. Él era un muchacho de las afueras de Manhattan que vivía en un barrio pobre, entre escombros y ratas. No estudiaba, porque su madre no podía permitirse pagarle una educación y su sueño era pintar. Dibujaba muy bien, siempre había tenido talento para ello. A los seis años perdió a su padre y desde entonces se relacionaba poco con la gente, todo lo que hacía era encerrarse en su cuarto a pintar en su viejo cuaderno. De pronto un día aparecieron unos muchachos que buscaban pelea. Después de casi una hora entre puñetazos y patadas, un hombre muy bien vestido y que olía a colonia se acercó a él. Le dijo que le había visto pelear, y que si se dejaba aconsejar, llegaría a ser uno de los grandes. Le prometió el oro y el moro, y él, un pobre chico de quince años, creyó escuchar múisica celestial. Con ese dinero sacaría a su madre de aquel barrio y podría comprarle una bonita casa en el centro de Nueva York.

Pero no era así. Cierto era que había ganado mucho dinero, y que su madre vivía de maravilla, pero ¡a qué precio!, había renunciado al sueño de ser dibujante, a cambio de unos pocos dólares seguros. Ya lo había intentado dejar antes, pero Jack, su viejo amigo, le “aconsejaba” que no se fuera, que no tirara su carrera por la borda, que esperara un poco más. Paul tenía la sensación de haber sido secuestrado por su empleo y por su manager, al que tenía tanto que agradecer. Si algo era cierto, era que Jack se había comportado como un padre para Paul; Le educó, le pagó una escuela y le enseñó la cara bonita de vivir a lo grande, mas, ahora que él mismo vivía esa vida, había descubierto la cara mala.

Inmiscuido en esos pensamientos, notó una palmadita afectuosa en la espalda. Se dio la vuelta y contempló el rostro arrugado y viejo de su amigo. De golpe, parecía que hubieran pasado los años muy deprisa. Nunca se había dado cuenta de la cantidad de arrugas y canas que poblaban la cara y la cabeza de Jack. Fue en ese preciso instante, cuando se dio cuenta de que el hombre que le había prometido lo mejor, poniéndose a sí mismo como ejemplo, tampoco había llevado la vida que hubiera deseado. Debió de ser en ese preciso momento, cuando Paul se dio cuenta de que no quería acabar así, encerrado en una habitación de cuarenta por cuarenta, contando billetes que un joven ingenuo había ganado.

Agarró la montañita de billetes verdes que había en la esquina de la mesa polvorienta y salió por la pequeña puerta de madera para ya nunca volver a entrar.

3.


Apenas oigo mis propios pensamientos con el ruido de fondo. Es temprano para entrar en clase, así que pese al follón de coches y gente, opto por sentarme en un banco de la concurrida plaza y me pongo a recordar cómo empezó todo.

Un comentario inocente…bueno, quizás no tan inocente, pero con total seguridad puedo afirmar que en ningún momento llegué a imaginar que tendría tanta repercusión como ha tenido.  Puede que quisiese llamar tu atención, pero nunca pretendí ser como las demás, babeando, desplegando sus encantos ante un muchacho de cara bonita. Porque hasta el momento eras sólo aquello, un chico atractivo, unos ojos azules demasiado solicitados como para fijarse en la chica del comentario ocasional…

No tardé mucho en darme cuenta de que eras más que una fachada. Tenías un increíble interior, una sensibilidad asombrosa y una capacidad de atracción metafísica.

Llamabas la atención de todos mis sentidos con tus palabras, a veces pesimistas y tristes, otras veces con una fuerza y un ímpetu que me alucinaba. Los sentimientos empezaban a aflorar y yo no sabía cómo contenerme. Me sentía tonta y desarmada tan solo por el secreto que tus ojos encerraban…aquel misterio, aquella ternura me obligaban a hablar contigo cada día, a la hora que fuese.

Me río ahora al recordar que pensaba que nunca sería lo suficientemente buena y bonita como para que te fijases en mí…si supieses la de veces que pensé en ti sin aún tener la certeza de tenerte…el amor que me embargaba con el solo hecho de pensar en ti…

Todo aquello me debilitaba cada día más, ardía en deseos de decirte lo que sentía, que empezaba a quererte, más allá de lo puramente físico, al margen de arder en deseos de sentir tus brazos…necesitaba sentir tu alma. Queda cursi, lo sé, pero me dedico a escribir, no puedes pedirme que deje mi lado íntimo y romántico a un lado. No todo serán comentarios picarones.

Al principio recuerdo que era todo tan inocente…dos personas hablándose como niños, sin decir nada y diciéndolo todo. Las indirectas, las sonrisas escondidas detrás de cada frase, las ganas de recibir otro mensaje tuyo, constituían mis días y mis noches. Podía imaginarte y sentir tu aliento, necesitaba tenerte cerca y saber que todo llegaría a buen puerto….

viernes, 30 de marzo de 2012

1.

Cuando, como por arte de magia, todo cobra sentido de nuevo. Por fin ves la ansiada luz al final del túnel, acercándose, con una suave brisa que te acaricia la cara… Y por un momento te detienes, tienes miedo de avanzar por lo que pueda venir después. Y te giras y ves todo lo que has pasado, las noches en vela, las lágrimas derramadas, la tristeza y el dolor… No quieres volver a pasar por todo ello, no te apetece volver a caer y perderlo todo. La idea de no moverte de esa constante oscuridad no suena tentadora, pero sí cómoda. Aunque es una comodidad intranquila, poco segura y que no invita a permaneces en ella por mucho tiempo.

Así que sigues avanzando, caminas hacia esa luz esperanzadora, cálida y atrayente. Estiras un brazo y casi alcanzas a tocarla, tan pura, tan cercana Sigues asustado , pero ése miedo se mezcla con las ganas de saber qué te espera a la salida. Y llegas. Sólo hay paz, es un prado con un riachuelo. Apacible y tranquilo, invita al amor.

Y esa luz eres tú. Esa calma, eso que me da miedo y a la vez me llama la atención. Aquél foco de esperanza e ilusión que me proporcionan tus palabras, tus brazos, las promesas que nos hicimos, las noches de lágrimas y los días de felicidad. Todo lo que me has dado sin tocarme y lo que nos queda por darnos.

El amor. Ese amor puro y limpio, joven, fresco y con el punto justo de picardía, las caricias y los susurros tímidos. Las ganas que tenemos el uno del otro, la sinceridad y el cariño.

Todo lo que nos hemos dado, todo lo que nos queda, todo. Todo eso que nunca podré agradecerte lo suficiente.

Y sólo me sale decirte que te quiero, aunque tú ya lo sabes.

viernes, 23 de marzo de 2012

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Dicen que cuando estás enamorado todo a tu alrededor cambia. Las flores son más bonitas, el Sol brilla más, la gente es más simpática...Pues bien, yo tengo otra teoría. Cuando nos enamoramos, si es amor de verdad, no nos paramos a pensar en las flores, el Sol o la demás gente, porque lo único que tenemos 24 horas al día en la cabeza, es la imagen y el nombre de esa persona.
Y yo tengo el tuyo, así que por consiguiente, lo que siento es amor. No olvido ni un segundo de nuestras conversaciones, me viene todo el rato tu nombre a la boca, veo un chico que puede parecerse en algo a ti y me ilusiono para luego caer en la cuenta de que no te llega ni a la altura del betún. Porque tú eres único, brillante, perfecto. La envidia de cualquier astro, porque tu luz es mucho más fuerte. Eres la estrella que un día bajó a mi ventana y se quedó ahí, quieta, haciendo que mi curiosidad por ella aumentara hasta el punto de necesitar leerla cada día, varias veces.
 Eres tú el que poco a poco me demostraste que no hay imposibles, que aunque creyera que todo estaba perdido siempre había algo por lo que luchar...algo que adquirió nombre y apellidos, ciudad, altura, ojos color mar, mar de sentimientos que fuiste abriendo en mí...y te quiero por ello.
Brindo cada mañana por todas las palabras dichas, por cada sentimiento plasmado, por las ganas de comernos, por la necesidad de sentir tu respiración acelerarse, pero sobre todo por aquel primer "te quiero" tímido que escribieron tus manos y que sintió tu corazón. Aquel que nos ha traído miles más, millones de mariposas en el estómago bailando y haciéndole notar que cada día eras más imprescindible.
Algo que por el momento queda así, pero que cada día avanza hacia un futuro repleto de besos.

sábado, 3 de marzo de 2012

Un día, un sueño, una realidad.

Despierto y ahí estás, dormido aún, con esa carita de niño que tanto me gusta. Me levanto y te tapo, como al tesoro más valioso del mundo, con cuidado de no molestarte. Pero tú ya estás despierto y me coges la mano, sonríes y me atraes hacia ti. Un largo y perfecto beso que me demuestra una vez más lo maravilloso de tenerte. Con él, me das la vida cada día. Y sin saber cómo, el mismo impulso para levantarme de la cama, me traiciona y me hace volver a ella, contigo, para dártelo todo. 

Ahora si, ambos en pie, empezando bien el día. Sonriendo, como en una película, contigo en la cocina, preparando algo para desayunar, sin prisa, todo con mucha luz y mis ganas de más me obligan a abrazarte por detrás y susurrarte que te amo. Tu ríes, y te giras, tus manos en mí, deslizándose hacia mi cintura, mientras me miras, con esos imponentes ojos, y me dices algo precioso que me provoca un escalofrío. No importa lo que me has dicho, sólo el hecho de que vuelvo a besarte y me siento feliz.

Salgo a la calle, contigo, casi flotando del amor que siento, y tú sigues riendo, porque parezco una niña cogida a ti, mientras la gente nos mira, imagino que envidiando nuestra felicidad ya de buena mañana. La felicidad de una primavera, una juventud, el amor…

Y así transcurre el día, juntos, amándonos tan solo con mirarnos, entre bromas, risas y abrazos. Besarnos en cada farola, sin un motivo, sólo celebrar otro minuto juntos. Queriéndote y sabiendo que cada vez que me miras y sonríes te enamoras más de mí. Sin presiones, sin prisas, tiempo, todo el del mundo para nosotros. El regalo de una mirada, la dulzura de un beso, el aire que sale de tus labios al decirme que me quieres.

Acabar el día contigo, en casa, abrazados y que nos sobre hasta el aire que hay entre nosotros. Quererte, acariciarte, besarte. Tú, yo, palabras que llevan a besos, besos que llevan a la cama. Cama que nos llama y nos invita a hacer el amor. Con ternura y calma, entre algodones, bajo la mirada de la Luna, que nos observa y se sonroja desde la ventana.

Y volver a despertar al día siguiente, que la historia se repita. Pura fantasía e imaginación que el día que menos lo pensemos llamará a nuestra puerta convertida en realidad.

sábado, 25 de febrero de 2012

Y todo es todo.

Ese momento en el que sientes que va a aflorar tu parte más romántica e intimista. El momento en el que sabes que necesitas escribir para sentirte aliviado y contarle a un papel cómo te sientes, desahogarte y respirar tranquilo, decir todo lo que directamente no te atreves, por vergüenza, por falta de confianza, por no saber cuál será su respuesta…Ese momento es ahora.
Ahora, habiendo oscurecido el cielo siento que el manto de estrellas me protege de todo lo malo que ocurre ahí fuera, de las miradas indiscretas, de las habladurías de la gente. Me siento a gusto y me apetece sentarme con una taza de café a no hacer nada, sólo a pensar y a escribir. Y cómo no, aparece él en mi cabeza. Viene y con su sonrisa borra todo lo demás, me pide que le preste atención, que le piense, que le sueñe, que le hable…y lo consigue. Logra evadirme del mundo y hacerme volar hacia Nunca Jamás, dónde vuelvo a ser una niña alegre, sin preocupaciones, una niña en brazos de un ángel rubio de ojos azules, profundos y sinceros.
Si le conocierais… sólo entonces entenderíais cómo me siento ahora mismo. Vivo en una nube, es todo tan perfecto a su lado…No creo que haya nadie en el mundo que le conozca y no haya sentido que es la persona más especial del mundo. Su forma de mirar, de hablar y de expresarse. Todo ello hace de él una perla, algo frágil y precioso que merece ser tratado como un tesoro aunque no guardado, pues nadie en el mundo debería perderse su sonrisa. Saber que está conmigo me da toda la fuerza del mundo, ese motivo que todos necesitamos para levantarnos cada mañana es su aliento. La necesidad de sentirme a salvo me la dan sus manos y la paz que tanto ansío me la producen sus ojos, grandes y sinceros, con tanto que contar que ni siquiera todos los versos del mundo lograrían expresar lo que sienten.
Es difícil entrar en él, pero una vez dentro se abre ante tus ojos un mundo totalmente diferente al que creías encontrar. Por fuera es una cara bonita, y como tal piensas que será un borde, creído y una persona odiosa. Pero sólo con una frase tumba todas tus teorías. Lees sus escritos y te enamoras, hablas con él y te llena la vida de color… Es dulce, amable, cariñoso y con un gran talento. Inteligente, pero no se cree para nada superior, aunque lo es. Es superior a mis fuerzas. Es imposible no quererle, no enamorarte de cada una de sus palabras, de sus fotos, de su manera de ser.
Y entonces me pongo a recordar cómo empezó todo. En realidad yo ni imaginaba que se fijaba un poco en mí, lo veía simplemente imposible porque no tengo nada especial. Pero fuese lo que fuese me alegro, porque me ha dado la oportunidad de conocer a la persona más maravillosa del mundo y atesorar su cariño.
El café se acaba, pero las ganas de contarle todo lo que siento por él van en aumento. Todo el miedo pasado por sentir que le perdía, todas las lágrimas que derramé ahora se tornan en sonrisas multiplicadas, todos los malos pensamientos se convierten en caras de embobada pensando en lo último que me haya dicho. En mis libros aparece su nombre, en cada brisa, en cada rayo de sol o reflejo de la Luna. Palabras, palabras y más palabras, sólo eso. Eso y las ganas de demostrar que lo que digo es cierto, que te amo, que lo eres todo, mi primer y último pensamiento.
Y darle las gracias por hacerme sentir especial, por darme la oportunidad de volver a creer que es posible, que existe el futuro, y que existe con  él. Que si quiere vivir en Londres y ver nevar cada mañana, por él me las ingeniaría para hacerlo, porque se lo merece. Si necesita ver el arco iris en algún momento y no está lloviendo, subiré al cielo y lo pintaré por él. Haré que el Sol se muera de envidia al ver brillar su sonrisa, le haré feliz. Es una promesa que me hice y que no pienso romper. Porque ya se lo dije una vez, que lo quería todo con él.
Y todo, es todo.

jueves, 23 de febrero de 2012

Mi tú.

Frente al ordenador, escuchando una y otra vez la misma canción, he empezado a pensar en nosotros. Es un pensamiento precioso y suelo sacarlo cuando estoy sola, en la intimidad de mi habitación, para poder jugar con él e imaginar mil fantasías. Verte sentado en mi cama, a mi lado, en silencio. Volver la cabeza a la ventana y que también estés ahí, en los reflejos del Sol. Verte, soñarte, tenerte y quererte. Nada más lejos de la realidad.
Cuando me siento mal tú estás ahí, dándome aliento, cariño y calor. Cuando soy feliz también estás ahí, sonriendo y enamorándome. Haga Sol, llueva, nieve o truene tú siempre estás aquí, conmigo, a mi lado.
Leo una frase, oigo una canción y me recuerda a ti. Te pienso, sueño en tu boca y me pierdo en tu cuerpo. Me ruborizo como una niña y me sonrío. Nadie más sabe el porqué de tan repentinos escalofríos, nadie más que tú. Nuestro pequeño secreto, nuestro gran amor.
Sentarme a escribir y que las palabras salgan solas. El esfuerzo de mucho tiempo por hacerte confiar en mí, por enamorarte como a un niño…Lo duro que ha sido temer perderte en alguna ocasión se ha visto tapado por lo fácil que es amarte. La simpleza de un corazón puro y joven, la frescura de la primavera que trae consigo las flores y el color. El amor…el amor.
Y cuando pienso en que quizá dudes, saldría corriendo para besarte y no dejarte pensar, para arroparte cada noche, para despertarte cada mañana…para cuidarte como mi mayor tesoro. Y nadie ni nada va a cambiar eso, porque como me dijiste una vez: “No puede salirnos todo mal.. porque las ganas que tenemos de estar juntos tienen que ganar vale?”
No te fallaré nunca, pero si alguna vez hago algo que te siente mal, perdóname ya por adelantado, porque para mí esta situación es nueva. Nunca he querido tanto a alguien, siempre he tenido que estar bastante a la defensiva, y que ahora todo me vaya bien me extraña. A veces tengo miedo a perderte, pero no es por falta de confianza en ti, sino en el mundo, en la envidia que siente el mundo al mirarme y verme sonreir.
Te quiero tesoro, te quiero muchísimo.

sábado, 18 de febrero de 2012

:)

Hoy desde mi ventana no se ve la Luna, y es raro, porque normalmente me viene a hacer compañía y me escucha. Puede que se haya cansado de que le pida que te deje entrar por mi ventana como un golpe de viento para llenar cada rincón con tu presencia.
Pero no me preocupa, al fin y al cabo está celosa. Celosa porque ella no puede igualar el brillo de tus ojos y la sensación que provocas en mí. Ella jamás podrá sentir lo que siento y eso la atormenta. Ha vuelto locos a miles de hombres a lo largo de la historia, pero ninguno ha sentido por ella algo remotamente parecido a lo que siento yo por ti.
En realidad siento lástima por ella. Ha visto tantas historias de amor, ha escuchado tantas lamentaciones y declaraciones, ha sido testigo de miles de besos y caricias sin poder sentirlo…Puede que esto haya sido lo que haya hecho que se harte de ser cómplice sin obtener un porcentaje.
Un día, mientras le hablaba me confesó que ella también sentía algo por ti, y tras discutir quién de las dos merecía tu corazón, determinamos que el amor que ella sentía por ti no era ni una milésima parte de lo que siento yo. Así que, para que veas, un día te dije que bajaría la luna a tu ventana para que te arropara cada noche y te besara en la mejilla antes de despedirse cada mañana y ahora es ella quien no quiere venir a la mía.
Es por eso que tengo que contarle mis pensamientos a una hoja de papel. Mis miedos, mis preocupaciones, mi alegría y mi amor a algo que no puede responderme, frío como el hielo, con la esperanza de que lo leas y te conmuevas, que sientas un cosquilleo en la nuca, como si estuviese pasando mi mano por ella, susurrándote que te quiero.
Tú puede que no te des cuenta, pero eres mi vida. Te has ido apoderando de mi mundo hasta que lo has hecho tuyo, para hacer a mi cabeza presa de tus ojos y de tus labios. Y no he opuesto resistencia porque desde aquella primera broma quería que sucediera. No estoy acostumbrada a que las cosas en este terreno me salgan bien y ahora que tengo lo que quiero, seguro, no sé cómo reaccionar. Las palabras no me salen y parezco realmente tonta diciéndote que te quiero, pero es lo único coherente que sabría decirte. Creo que algún día necesitaré que me expliques porqué te fijaste en mí, de los millones de chicas de tu alrededor porqué tuve que ser yo. Y cuando lo sepa estaré más enamorada de ti que nunca, porque mi rompecabezas tendrá un poco más de sentido.
 Por ahora y hasta entonces me hace feliz saber que quieres hacerme feliz, te quiero pequeño.

Uno corto...

Era como observarles desde el otro lado de un cristal. Los separaba algo finísimo, casi imperceptible a los ojos ajenos. La gente a su alrededor desconocía lo que en el pecho ardiente de aquellos dos adolescentes se despertaba. 
Era como una llama, ardiente como el fuego del infierno, la emoción de un amor joven y fresco, sin fecha de caducidad, sin dolor, sin metas. Tan solo querer y ser querido, amar, darlo todo, sonrisas, besos, caricias, sexo…Parecía que el tiempo se les escurría cuando estaban juntos, una hora era como un segundo. Nada era demasiado, ansiaban más y más…
Contaré los días que pasan, porque cada uno será una prueba más de mi amor. Prometo que me quedaré en silencio sólo para verte dormir, que no habrán monstruos en tu armario ni pesadillas que turben tu sueño. Lo haré, haré que cada día te levantes con una sonrisa en la cara y que no pienses en nada más salvo en lo feliz que eres. No es un reto difícil puesto que tienes la sonrisa más bonita del planeta y no cuesta mucho hacerla brillar.
Haces que Sol salga cada día por mi ventana, aunque fuera llueva, en mi cabeza siempre un pensamiento positivo y un nombre, el tuyo. Lo pronuncio bajito por miedo a que el ruido de gritarlo se lleve la mágia. Me hago a la idea de que, aunque no estés cogido de mi mano, te tengo cerca, aquí, en mi corazón. Y pienso en el día que te tenga, cómo será, dónde, cuándo, si podré o no reprimir las ganas de decirte que te quiero cada minuto. No quiero agobiarte, ni cansarte. No quiero nada que te haga sentir mal. Te quiero a ti, eso es todo lo que necesito.
¿Loca? Pues puede que sí, pero me gusta mi locura.

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Leo lo que escribes y se me encoge el corazón. No sé a ciencia cierta qué es lo que me das, pero lo noto tan imprescindible…
Mi cabeza sabe qué te ocurre, y también sabe el porqué. Pero mi corazón no quiere verlo y me manda seguir ahí, intentándolo todo, para estar contigo. Lo más maravilloso de todo es que tu también lo sabes, en el fondo de tu alma sabes que nos queremos  que nada puede acabar con ello, aunque lo intentemos. Por mucho que un día nos entre miedo y queramos romper con todo, no sería posible, porque lo que tenemos es más fuerte.
La sola idea de hacerte entristecer o tener miedo me mata. Pero no la tengo muy en cuenta, porque sé que puedo hacerte la persona más feliz del mundo, igual que tú me haces a mí volver a ser una niña cada vez que te leo. Me pongo nerviosa, sonrío como una boba e incluso las piernas me flojean sólo con leer que me quieres.
No miento si digo que sonrío, no tengo motivos para engañarte. No siento amor por compasión hacia alguien, lo siento porque es la verdad, un amor sincero y sin horizonte, grande como el mar, tan puro, tan blanco y transparente que se ve a una milla, como una bandada de pájaros que vuelan libres hacia la tierra cálida de tus besos.
Y me siento orgullosa, orgullosa de haber sido capaz de hacer que te fijases en mí. Orgullosa de tenerte impaciente por ver llegar el día en que te mire a los ojos y te lo diga todo en un silencio. Me siento fuerte, me hace fuerte el pensar que tengo que cuidar de ti, porque eres un tesoro. Y te quiero, te quiero tantísimo que no pienso perderte nunca mi vida, nunca.

martes, 14 de febrero de 2012

Él.

Escribo, pienso y escribo. Esquivo las ideas que no me atraen y hago mías las que me parecen adecuadas. Normalmente necesito momentos de soledad para dejar fluir las letras, un café, el Sol despidiéndose mientras tiñe el cielo de rosa...Pero ya no. Ahora mi mejor prosa surge cuando hablo con él. Mientras pienso qué estará haciendo, a qué saben sus besos, qué esconden esos ojitos azules que a tantas hacen enloquecer. Mis sentidos se agudizan, lloro por cualquier motivo, aunque sea de felicidad, las lágrimas están a flor de piel. Si noto el peligro de perderlo demasiado cerca me muero. Cuando leo sus mensajes me estremezco, cierro los ojos con fuerza y me repito una y otra vez que está a mi lado, para que al abrirlos mi deseo se haya cumplido.
Perder horas delante de una pantalla mirando una foto, embobarme mirando a cualquier cosa, porque todo me recuerda a él. Oír su nombre susurrado en un golpe de viento y que los reflejos que la luna deja entrar por mi ventana, dibujen su sonrisa en mi pared. Éso es lo más bonito que me ha pasado jamás.
Por una vez todo es dulzura, amor, palabras cariñosas y deseo. Un deseo tan fuerte que incluso me pone la piel de gallina. A veces parece que puedo sentirle echado a mi lado, acariciandome, haciéndome perderme en el cielo de su boca...a veces. Y otras veces todo se torna en algo más fuerte. Algo que me impide respirar con normalidad.Ése algo que me impulsa a correr, a dejarlo todo atrás, a robarle una mirada y un "te quiero". Algo que no busca contacto, algo puro, simple, sexualmente vacío, pero precioso. Una sensación dulce y placentera que provoca un grito interno de mi alma, desesperada por compartir con la suya todo o que siente.
En resumen, que me ha cambiado. Para bien o para mal ya no soy la misma. El sólo hecho de saber que un poco más allá hay alguien que quizá siente lo mismo que yo, me hace ver la vida de otra manera. Como dijo Lope de Vega en su momento: "Desmayarse, atreverse, estar furioso. Áspero, tierno, liberal, esquivo. Alentado, mortal, difunto, vivo. Leal, traidor, cobarde y animoso. No hallar fuera del bien, centro y reposo. Mostrarse alegre, trist, humilde, altivo. Enojado, valiente, fugitivo, satisfecho, ofendido, receloso. Huir el rostro al claro desengaño, beber veneno por licor suave, olvidar el provecho, amar el daño. Creer que un cielo en un infierno cabe, dar la vida y el alma a un desengaño. Esto es Amor; quien lo probó, lo sabe."
 
Atardece en Badalona entre nubarrones y sombras. Las farolas, iluminan las calles sombrías y los coches vagan bajo la fina lluvia que humedece el alma de los peatones.
A lo lejos, se puede distinguir una pareja de novios abrazados. Parece que el tiempo no pasa para ellos. Permanecen abrazados bajo un árbol, tan jóvenes, tan enamorados que lo último en lo que piensan es la lluvia. Un final gris y sombrío para lo que ha sido un San Valentín frío y solitario.
Tal y como ha llegado, se ha vuelto a marchar. El Sol no ha salido, las nubes se negaban a ceder el protagonismo. Hoy más que  nunca, el recuerdo de un amor breve ha vuelto a mi cabeza y persiguiéndome como un fantasma, mi pasado ha permanecido pegado a mí.
Una masa de corazones rojos cubrían los escaparates. Ni siquiera las panaderías se han librado de ello. Por todos lados, la fiebre consumista que ahoga nuestra sociedad se hace notar, más que nunca.  Curiosa es la forma en la que un enamorado puede llegar a sentir cierta culpa si no regala a su pareja un perfume o una mísera rosa. Tal cual parece que sin esto es imposible demostrar un sentimiento tan puro como el amor.
De igual modo, otro sector de la sociedad se niega a comprar nada, alegando que no por ser San Valentín y comprar alguna tontería se quiere más a alguien.
Cierto es, que el sentimiento hacia alguien no se demuestra con obsequios en un día puntual. No por ser 14 de Febrero queremos más a nadie, ni tampoco por ser 14 de Febrero menos mujeres morirán a manos de sus parejas. Pero sin engañarnos un ápice:
¿Hay alguien tan sumamente frío que no sienta nada, ni un poquito siquiera, la ilusión de recibir algo de alguien especial?
Una nota, una tarjeta, una simple mirada de complicidad, una caricia…Lo más insignificante, cobra un gran significado.
Y, como iba diciendo, tal y como vino, se fue. Quizás en un tiempo eche la mirada atrás y piense, que el 14 de Febrero del 2011, fue un San Valentín solitario y triste. O tal vez, eche la mirada atrás y sólo me recuerde escribiendo esto, mientras, a través de la ventana, veía aquella pareja, que probablemente recuerde este día con más cariño que yo.
Y éste fue escrito el año pasado. El 2012 ha traido cambios con él, y todo es un poco mejor.

domingo, 12 de febrero de 2012

Aparentemente normal.

Trato de pensar en el mejor regalo que podría hacerte ya que se supone que es un día especial. Pienso y busco, algo importante para mí, algo que signifique que te quiero más de lo que con palabras expreso. Pero no es fácil regalarte algo así cuando ya lo tienes. Desde el instante cero eres dueño de mi corazón y ocupas mi mente. Tengo los ojos puestos en ti y mis manos te sueñan incluso cuando estoy despierta. Estoy más rato a tu lado del que nunca llegues a imaginar y todo me recuerda a ti. Cualquier olor, un color al azar, una hoja llevada por le viento, todo tiene un poco de ti. Y no pienses que no me gusta, al contrario, me encanta sentirte y saber que estás ahí, cerca de mí…
Es por eso que hoy es un día cualquiera y a la vez es especial. Ese es el motivo por el que no iba a esperar al 14 para escribir algo pensando en ti, porque San Valentín es el día de los enamorados, sí, pero el resto de días son sólo nuestros.
Por lo tanto, si llegas a leer esto y en un punto sonríes porque sabes que este texto encierra tu nombre, yo seré feliz, porque en alguna ocasión te habré sabido decir todo lo que siento y lo mucho que te quiero.
Feliz día aparentemente normal, cariño.

lunes, 6 de febrero de 2012

Tú.

Me ha entrado el gusanillo literario justo ahora. Es muy inoportuno porque hoy no sé qué decir. Mi mente busca las palabras y sé que no debería ser así. Tendría que ser mi corazón el que las dejase salir una a una, con dulzura y cariño, con un grito de pasión, con lágrimas en los ojos. Pero mi querido poeta interno está de vacaciones, lo tienes tú, estoy segura. Está a tu lado y te mira. Te provoca para que lo cojas y lo mimes. Te susurra que no juegues con él, porque él te quiere de verdad. Te cuenta que desde que te vio y leyó tus palabras sólo piensa en ti, y tú le crees porque te diste cuenta.
Por eso ahora es mi mente la que se pone nerviosa al ver que su prosa se ha visto afectada por el suave roce de tus manos y el sabor de un beso en un sueño. Nerviosa e histérica al imaginarte tumbado sobre la blanca arena de una playa cualquiera, sonriéndome mientras te miro como una cría, mientras sueño despierta…Noto mi pulso acelerado con solo pensar que rompes esa imagen apareciendo en mi cuarto mientras duermo, y te acercas, lento, muy lento. Creo notar tu respiración sobre mi cuello pero no tengo valor para abrir los ojos, no quiero romper la magia del momento.
Siento cómo me rodeas, sé que estás echado aquí conmigo y soy feliz. Entonces ocurre, el ansiado beso. De repente abro los ojos y te veo, riéndote como un niño, en la oscuridad. Logro distinguirte por la poca luz que la Luna, tímida y sonrojada por habernos descubierto, deja entrar en mi cuarto. Sonrío y te beso. Siento que el mundo podría acabar en el mismo momento en el que nos fundimos en uno. Porque lo deseamos, ansiábamos ese momento…Y dulce, muy dulce y lento todo sucede… Ya no hay prisa, no existe el tiempo, incluso la Luna nos ha dejado a solas. Porque éste es nuestro momento, entre besos y sonrisas, entre amor y pasión. No hay nada malo, nada está prohibido. Es todo precioso y todo es contigo. Y al acabar de llenarte de caricias y de prometerte en silencio que siempre seré tuya, te veo dormir y me enternezco. Mi corazón ha vuelto a mí, pero ahora estás tú dentro.

martes, 31 de enero de 2012


Lo que ayer era motivo de felicidad, hoy le escuece. Sus propias lágrimas la ahogan y tantos interrogantes la hunden… ¿Por qué no la dejaba pensar a ella? Su pequeño príncipe no estaba en condiciones de decidir lo que a Helena más le convenía. Esgrimía su enfermedad como argumento válido para romper con ella, para echar por el suelo el amor que ambos sentían. Si la hubiese dejado por otra, si al menos Helena supiese que el que había iluminado sus días ahora sería feliz con otra a la que pudiese declarar su amor, no se torturaría tanto. Pero ahora se maldecía por no vivir en la capital, por no poder cuidarle, por ser la causa y efecto de sus dolores de cabeza…
Tumbada en su cama se sentía febril y débil, no quería comer, sólo lloraba y leía una vez tras otra aquella larga conversación en la que él aseguraba, no cambiaría de opinión. En el fondo la muchacha sabía que al otro lado había una persona tan endeble y frágil como lo era ella en ese instante. Se culpaba por no poder enderezar aquella relación, por no estar en ese momento frente a frente y demostrarle que quería pasar lo que les quedase de vida a su lado, que podía hacerle feliz y que nada sería tan dulce y perfecto como los besos que le prometía.
Por otra parte, el ser raciona que Helena llevaba dentro y que hasta entonces había permanecido amordazado y a oscuras en el fondo de su alma, salió a la luz. Le susurró al oído que la posibilidad de que aquello que había empezado se acabara tarde o temprano, era la opción que tenía el porcentaje más alto de cumplirse. “Aunque tu parte romántica y soñadora me encerrara y tomara protagonismo, sabías que algo no iba bien, él te dijo más de una vez que tenía miedo de estar enamorándose de ti. Tú lo veías todo fácil, como un camino de baldosas amarillas rodeado por parterres de flores y amor, pero las cosas no son así.” “Pero él me quiere, Dani me sigue queriendo y yo lo sé, algo podré hacer…” Helena se esforzaba de veras por pensar algo rápido, para que sus ojos dejaran de llorar, para que todo fuese como días anteriores, cuando él le describía de la manera más dulce lo que ambos se morían de ganas de hacerse: “¿Que qué haría? me acercaría a ti, empezaría a acariciarte, a retirarte el pelo, a sonreírte, a mirarte con cara de deseo por besarte y te besaría. Sin poder controlarme, perdiéndome en tu boca. Te tumbaría, me sería inevitable besarte por el cuello...morderte, mirarte una y otra vez sintiendo unas ganas incontrolables por comerte entera. Empezaría a quitarte la ropa y a besarte por cada parte de tu cuerpo. A acariciarte, a escribirte con las manos lo muchísimo que te quiero, a susurrártelo...A poder abrazarte y sentir que solo existimos tu y yo. Recorrería cada parte de tu cuerpo, te demostraría a cada segundo que pase lo muchísimo que te deseo y...y con todo el cariño del mundo empezaríamos a hacer el amor y me volverías loco...me descontrolaría y estaría bajo tu poder, porque me superas...”
Y entonces, rompió a llorar de nuevo... sentía morir todo su amor, notaba cómo el corazón se le enfriaba y se apagaba, sumido en un enorme letargo que nadie conocería nunca, su amor fugaz, más intenso que cualquier beso, más bonito que cualquier poema de Neruda. Recordaba la canción que un día se permitió el lujo de dedicar al príncipe de sus ojos, la tarareaba y moría de dolor...”Por ti volaré, espera, que llegaré, mi fin de trayecto eres tú...” Y lo era, lo era, antes su fin de trayecto era él, ahora era una oveja descarriada, un marinero sin puerto, una mañana sin Sol, una princesa sin su príncipe...
Todo había acabado tan de repente y ya nada sería como antes, tocaba asumirlo aunque doliera.
Por las historias que acaban incluso antes de empezar, porque siempre son los amores frustrados aquellos que nos dejan una huella más profunda. Estoy segura que desde donde quiera que acabemos, siempre nos acordaremos de lo que vivimos unos días y que el miedo te obligó a abandonar…

miércoles, 25 de enero de 2012

Hoy.

Ahora me siento morir, siento que nada tiene sentido. Un millón de gotas brotan de mis ojos confundiéndose con la lluvia de este horrible día de enero. Truena y el cielo se ilumina con los rayos intermitentes, pero nada me importa.
En cuanto me  he enterado lo único que he podido hacer ha sido salir corriendo de casa corriendo, sin paraguas, sin chaqueta, sin un rumbo fijo. Sólo quería dejar de pensar, necesitaba que en mi cabeza dejasen de retumbar aquellas palabras. Sólo quería despertar de esta pesadilla.
En cierto modo era una posibilidad que barajaba, pero ahora que se había cumplido no quería asumir la realidad. Todas mis ilusiones, todos mis planes, todo por el desagüe. Si bien mi fe se había tambaleado miles de veces, ahora que se había ido lo que prácticamente me había hecho sonreír los dos últimos meses, ya no creía en nada. Estoy muerta por dentro. No siento frío, tampoco el agua empapándome la ropa, no siento ni dolor porque él mismo me insensibiliza. Miro el puente que cruza la autopista. Todo sería tan fácil, acabar con todo sería sencillo, pero cobarde. Me imagino que no soy la única que sufre y eso me causa más dolor todavía.
Sólo puedo preguntarme por qué. Después de tanto sufrimiento hasta conseguirlo, todo se iba tan rápido…de un plumazo. ¿Por qué yo?, ¿Por qué aquello? Del mismo dolor me dejo caer en mitad de la calle. En verme, una mujer se acerca y me pregunta si necesito alguna cosa. “Sí, necesito irme, dejar de pensar, morir”, no digo nada. Me he limitado a llorar más y más, a maldecir todo en cuanto creía. La razón, el corazón, todo.
Mis padres han salido a buscarme. No he llegado muy lejos, estoy prácticamente al lado de casa. Me encuentran tendida en el suelo, temblando y con los labios morados. No quiero volver a casa, enfrontarme a la realidad es tan horrible…Imagino las caras de todos, llorando, con la mirada vacía, clavada en un punto y sin hablar.
Con una taza de café delante lo único que puedo hacer es escribir. Y escribo, le confieso a mi pluma el momento más duro de mi vida, le confío mis secretos, mis miedos, mis llantos…Creo que es la única que de verdad me entiende, me deja expresarme y calla. Escucha paciente todo lo que tengo que contar, me desahogo, pero no me siento mejor. Creo que nunca volveré a sentirme igual.


De aquel día hace hoy un par de años. De veras creí que nunca saldría a la luz, el día más triste de mi vida. Pero lo he rescatado porque hoy 25 de enero de 2012 alguien me ha recordado lo hundido que te sientes al perder a alguien querido y lo importante que es compartirlo.

lunes, 23 de enero de 2012

Petit desastre animal.

En tornar a casa les cames encara em feien figa. Pensava en aquell instant un cop i un altre, buscava algun error que pogués fer-me canviar, però no hi havia cap. Tot havia sigut com havia de ser, perquè així estava dictat. Potser vaig forçar massa la màquina, vaig ser una inconscient i ara pago les conseqüències. No pensava via en què vindria després, només veia que volia tastar el gust dels teus llavis sota aquella pluja, desitjava que m’agafessis i em fessis el petó que tant havia anhelat aquella setmana. Des del moment que vam pactar la trobada no havia pogut treure’m la cara d’idiota del damunt, i ara, ara encara la conservava però per un altre motiu. Ara tenia el dubte d’haver fet bé. En un principi jo creia que si ho feia convençuda era perquè estava bé, però ara, unes quantes il·lusions i un sms més tard, no ho tenia tan clar. Tot ha de ser tan difícil? Si no volies bastava amb no fer res, perquè sabies molt bé que estava completament penjada de tu.

domingo, 22 de enero de 2012

Autobús stuff.

Era una fría tarde de enero y el calor concentrado en el interior del 26 empañaba los cristales. Fuera llovía y venteaba, tanto, que era preferible mojarse antes que tirar del paraguas. El paisaje era verdaderamente deprimente, todo oscuro, frío, sin alma. Una chica en un semáforo lucía un chubasquero amarillo, de ésos que ya no hay, largo y brillante. Me pareció un intento inútil y desesperado por dar algo de alegría a la situación y reí para mis adentros.
Volví la cabeza, tanta oscuridad y depresión destrozaba mis nervios, y la cabeza me pesaba un quintal. Dentro, un par de mujeres hablaban animosamente, ajenas a la desolación húmeda de la calle, mientras que dos críos discutían sobre algo que seguramente sería fundamental para ellos. En otros asientos, una pareja se miraba enamorada. Él la tenía abrazada y ella, muerta de frío con la nariz roja al igual que las mejillas, le tomaba la mano y se la acariciaba con ternura. Aquella imagen me conmovió por completo. Desde que habían entrado en el autobús, rato después que yo, no se habían soltado, ni habían pronunciado palabra alguna. Sólo se miraban y sonreían. ¡Hay que ver la cantidad de cosas que se pueden decir con una mirada y una mueca!
Por lo demás, el vehículo iba muerto. Cabezas bajas y ojos fijados en pequeñas pantallas de móvil, caras largas, cansancio, frío…Lunes. Puesto que aquello no tenía ningún tipo de emoción, me enfrasqué en una historia mental. Lo hacía muy a menudo cuando lo que tenía delante no me entusiasmaba, buscaba la persona más vulgar y corriente que tuviese al alcance y me inventaba una historia para explicar el porqué de su cara, su forma de vestir o sus expresiones.
Y la encontré. Una mujer de unos cuarenta años, cargada con bolsas de supermercado y vestida con una bata azul. Mi cabeza empezó a funcionar casi al instante de haberse percatado de su presencia. Puede que fuese una limpiadora aunque eso no tendría nada de emocionante, así que concluí que era enfermera, o aún mejor, la jefa de las enfermeras. A primera vista esto no tendría mucho sentido ya que el personal sanitario se cambia de ropa antes de salir, pero yo no buscaba lógica, así que no importaba.
A lo que iba. Una jefa de enfermeras de unos cuarenta años, casada a juzgar por su alianza en la mano derecha. Miraba mucho el reloj así que supuse que tenía algo de prisa por llegar a algún sitio o por recoger a alguien, probablemente a sus hijos. Serían dos y estaban seguramente en casa de la suegra de ella. Venía de comprar y su cara reflejaba el más puro cansancio. Ahora llegaría, bañaría y daría de cenar a los niños y se ducharía. Más tarde cenarían ella y su marido, un poco de charla sobre el día quizás, algo rutinario, nada profundo. Se acostaría y por supuesto no pasarían del beso de buenas noches.
Cómo me gustaba inventarme la vida de otras personas, quizás porque me sentía un poco Dios haciendo que la gente viviese de la manera que yo dictaba en mi cabeza. La mujer abandonó el vehículo y de inmediato me puse a buscar otra persona para seguir con mi juego.
Y de pronto…¿sabes esas chicas que por fuera parecen duras y fuertes pero en realidad son cenicientas? Pues así era ella.
Por fuera parecía una chica dura. Vestía de negro y llevaba los ojos pintados muy oscuros, pero le quedaba bien, tendría unos diecisiete años. La primera impresión que tuve de ella fue, lejos de lo que pueda parecer, muy tierna. Su cara reflejaba una personalidad dulce y su sonrisa tímidamente dibujada irradiaba calidez. Llevaba los auriculares puestos y de pronto sonrió. Seguramente sonaría su canción favorita, o se estaría acordando de algún momento vivido aquella tarde gris.
Se sentó de frente a mí y me miró. Yo me ruboricé un poco, me había visto mirarla, analizarla con curiosidad. Para mi sorpresa, me sonrió cuando lo más normal es que hubiese apartado la vista rápidamente.
Después de este cruce de miradas advertí que de pie enfrente de la chica había un muchacho un poco más mayor que ella. La miraba, no dejaba de observar cada movimiento que la recién llegada hacía. La chica lo advirtió y, cabizbaja, se sonreía. Lo cierto es que era guapa, nada del otro mundo  pero tenía algo que te impedía no mirarla por el rabillo del ojo.
Ella lo sabía, nos veía a aquél chico y a mí mirarla, pero no parecía importarle. Hubo un momento en el que sacó el móvil del bolsillo y lo miró. Acto seguido empezó a mover la cabeza al ritmo de la canción que escuchaba y con la mano iba dibujándose círculos en la pierna.
Fue entonces cuando el joven que tenía delante clavó la mirada en las piernas de ella. Me pareció tan poco delicado, tan fuera de lugar, que me dieron ganas de decirle algo. Por otra parte me hizo gracia. Ella le miraba y sonreía, el chico también la miraba, pero ahora ya no de forma continua. Apartaba la mirada cuando ella lo veía.
La muchacha siguió sentada durante lo que duró el resto de mi viaje. Cuando bajé, la chica me miró y me lanzó una sonrisa encantadora. Realmente era preciosa, un jeroglífico envuelto en un misterio encerrado en un enigma.
Siempre me ha gustado esa definición, y a ella le venía que ni pintada.
Cuando las puertas se hubieron cerrado no pude evitar la tentación de mirar dentro. Comprobé que el joven había ocupado el que antes había sido mi asiento y seguía mirándola.
De vuelta a casa pensé en aquella situación. Dos perfectos extraños, en un autobús una tarde gris de enero. Él la desea y ella se deja desear. Podría acabar muy bien para él, pero era una posibilidad tan remota que ni la barajé. No hacía falta ser un profesional de la observación para ver que por parte del joven saltaban chispas. Se la comía con los ojos, la miraba de arriba abajo y si le hubiesen dado el beneficio ya la habría besado allí mismo. Seguramente no estaría prendado del alma de aquella cenicienta, sólo de su sonrisa coqueta y de sus piernas largas. Muy probablemente nadie más se fijó en que aquella chica envuelta en un aura de misterio con una cazadora de cuero y mallas negras era en realidad una chica divertida, alegre y llena de color, como demostraban sus bambas verdes con cordones de florecitas. Tampoco advertirían la resignación y el cansancio que desprendían sus ojos negros…Pero en fin, no se les puede culpar. Muchos ni la miraron, la pasaron por alto como a una más, y quién la miró simplemente pudo reaccionar de una forma muy primaria: se humedecieron los labios. Un gesto tan inocente como ése da mucha información, parece discreto pero en realidad deja ver el grado de necesidad que tenían aquellos hombres.
Y aquél chico…aquél chico probablemente llegaría a su casa y tendría que desfogarse de alguna manera. Estaba demasiado alterado como para pensar en estudiar así que seguramente primero se ducharía y acabaría con su sobrecarga de adrenalina. Fantasearía un rato más con la muchacha del autobús y luego se pondría a cenar. Al día siguiente ya no se acordaría de ella, lo cual es una pena, puesto que aquel jeroglífico envuelto en un misterio encerrado en un enigma estaría sentada enfrente de su portátil recordando cómo aquél chico la miraba con cara de deseo y se reiría, antes de volver a pensar en lo que nublaba su mente.