Era como observarles desde el otro lado de un cristal. Los separaba algo finísimo, casi imperceptible a los ojos ajenos. La gente a su alrededor desconocía lo que en el pecho ardiente de aquellos dos adolescentes se despertaba.
Era como una llama, ardiente como el fuego del infierno, la emoción de un amor joven y fresco, sin fecha de caducidad, sin dolor, sin metas. Tan solo querer y ser querido, amar, darlo todo, sonrisas, besos, caricias, sexo…Parecía que el tiempo se les escurría cuando estaban juntos, una hora era como un segundo. Nada era demasiado, ansiaban más y más…
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