Atardece en Badalona entre nubarrones y sombras. Las farolas, iluminan las calles sombrías y los coches vagan bajo la fina lluvia que humedece el alma de los peatones.
A lo lejos, se puede distinguir una pareja de novios abrazados. Parece que el tiempo no pasa para ellos. Permanecen abrazados bajo un árbol, tan jóvenes, tan enamorados que lo último en lo que piensan es la lluvia. Un final gris y sombrío para lo que ha sido un San Valentín frío y solitario.
Tal y como ha llegado, se ha vuelto a marchar. El Sol no ha salido, las nubes se negaban a ceder el protagonismo. Hoy más que nunca, el recuerdo de un amor breve ha vuelto a mi cabeza y persiguiéndome como un fantasma, mi pasado ha permanecido pegado a mí.
Una masa de corazones rojos cubrían los escaparates. Ni siquiera las panaderías se han librado de ello. Por todos lados, la fiebre consumista que ahoga nuestra sociedad se hace notar, más que nunca. Curiosa es la forma en la que un enamorado puede llegar a sentir cierta culpa si no regala a su pareja un perfume o una mísera rosa. Tal cual parece que sin esto es imposible demostrar un sentimiento tan puro como el amor.
De igual modo, otro sector de la sociedad se niega a comprar nada, alegando que no por ser San Valentín y comprar alguna tontería se quiere más a alguien.
Cierto es, que el sentimiento hacia alguien no se demuestra con obsequios en un día puntual. No por ser 14 de Febrero queremos más a nadie, ni tampoco por ser 14 de Febrero menos mujeres morirán a manos de sus parejas. Pero sin engañarnos un ápice:
¿Hay alguien tan sumamente frío que no sienta nada, ni un poquito siquiera, la ilusión de recibir algo de alguien especial?
Una nota, una tarjeta, una simple mirada de complicidad, una caricia…Lo más insignificante, cobra un gran significado.
Y, como iba diciendo, tal y como vino, se fue. Quizás en un tiempo eche la mirada atrás y piense, que el 14 de Febrero del 2011, fue un San Valentín solitario y triste. O tal vez, eche la mirada atrás y sólo me recuerde escribiendo esto, mientras, a través de la ventana, veía aquella pareja, que probablemente recuerde este día con más cariño que yo.
Y éste fue escrito el año pasado. El 2012 ha traido cambios con él, y todo es un poco mejor.
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