Apenas oigo mis propios
pensamientos con el ruido de fondo. Es temprano para entrar en clase, así que
pese al follón de coches y gente, opto por sentarme en un banco de la concurrida
plaza y me pongo a recordar cómo empezó todo.
Un comentario inocente…bueno,
quizás no tan inocente, pero con total seguridad puedo afirmar que en ningún
momento llegué a imaginar que tendría tanta repercusión como ha tenido. Puede que quisiese llamar tu atención, pero
nunca pretendí ser como las demás, babeando, desplegando sus encantos ante un
muchacho de cara bonita. Porque hasta el momento eras sólo aquello, un chico
atractivo, unos ojos azules demasiado solicitados como para fijarse en la chica
del comentario ocasional…
No tardé mucho en darme
cuenta de que eras más que una fachada. Tenías un increíble interior, una
sensibilidad asombrosa y una capacidad de atracción metafísica.
Llamabas la atención de
todos mis sentidos con tus palabras, a veces pesimistas y tristes, otras veces
con una fuerza y un ímpetu que me alucinaba. Los sentimientos empezaban a
aflorar y yo no sabía cómo contenerme. Me sentía tonta y desarmada tan solo por
el secreto que tus ojos encerraban…aquel misterio, aquella ternura me obligaban
a hablar contigo cada día, a la hora que fuese.
Me río ahora al recordar
que pensaba que nunca sería lo suficientemente buena y bonita como para que te
fijases en mí…si supieses la de veces que pensé en ti sin aún tener la certeza
de tenerte…el amor que me embargaba con el solo hecho de pensar en ti…
Todo aquello me
debilitaba cada día más, ardía en deseos de decirte lo que sentía, que empezaba
a quererte, más allá de lo puramente físico, al margen de arder en deseos de
sentir tus brazos…necesitaba sentir tu alma. Queda cursi, lo sé, pero me dedico
a escribir, no puedes pedirme que deje mi lado íntimo y romántico a un lado. No
todo serán comentarios picarones.
Al principio recuerdo que
era todo tan inocente…dos personas hablándose como niños, sin decir nada y
diciéndolo todo. Las indirectas, las sonrisas escondidas detrás de cada frase,
las ganas de recibir otro mensaje tuyo, constituían mis días y mis noches.
Podía imaginarte y sentir tu aliento, necesitaba tenerte cerca y saber que todo
llegaría a buen puerto….
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