Ahora me siento morir, siento que nada tiene sentido. Un millón de gotas brotan de mis ojos confundiéndose con la lluvia de este horrible día de enero. Truena y el cielo se ilumina con los rayos intermitentes, pero nada me importa.
En cuanto me he enterado lo único que he podido hacer ha sido salir corriendo de casa corriendo, sin paraguas, sin chaqueta, sin un rumbo fijo. Sólo quería dejar de pensar, necesitaba que en mi cabeza dejasen de retumbar aquellas palabras. Sólo quería despertar de esta pesadilla.
En cierto modo era una posibilidad que barajaba, pero ahora que se había cumplido no quería asumir la realidad. Todas mis ilusiones, todos mis planes, todo por el desagüe. Si bien mi fe se había tambaleado miles de veces, ahora que se había ido lo que prácticamente me había hecho sonreír los dos últimos meses, ya no creía en nada. Estoy muerta por dentro. No siento frío, tampoco el agua empapándome la ropa, no siento ni dolor porque él mismo me insensibiliza. Miro el puente que cruza la autopista. Todo sería tan fácil, acabar con todo sería sencillo, pero cobarde. Me imagino que no soy la única que sufre y eso me causa más dolor todavía.
Sólo puedo preguntarme por qué. Después de tanto sufrimiento hasta conseguirlo, todo se iba tan rápido…de un plumazo. ¿Por qué yo?, ¿Por qué aquello? Del mismo dolor me dejo caer en mitad de la calle. En verme, una mujer se acerca y me pregunta si necesito alguna cosa. “Sí, necesito irme, dejar de pensar, morir”, no digo nada. Me he limitado a llorar más y más, a maldecir todo en cuanto creía. La razón, el corazón, todo.
Mis padres han salido a buscarme. No he llegado muy lejos, estoy prácticamente al lado de casa. Me encuentran tendida en el suelo, temblando y con los labios morados. No quiero volver a casa, enfrontarme a la realidad es tan horrible…Imagino las caras de todos, llorando, con la mirada vacía, clavada en un punto y sin hablar.
Con una taza de café delante lo único que puedo hacer es escribir. Y escribo, le confieso a mi pluma el momento más duro de mi vida, le confío mis secretos, mis miedos, mis llantos…Creo que es la única que de verdad me entiende, me deja expresarme y calla. Escucha paciente todo lo que tengo que contar, me desahogo, pero no me siento mejor. Creo que nunca volveré a sentirme igual.
De aquel día hace hoy un par de años. De veras creí que nunca saldría a la luz, el día más triste de mi vida. Pero lo he rescatado porque hoy 25 de enero de 2012 alguien me ha recordado lo hundido que te sientes al perder a alguien querido y lo importante que es compartirlo.
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