sábado, 3 de marzo de 2012

Un día, un sueño, una realidad.

Despierto y ahí estás, dormido aún, con esa carita de niño que tanto me gusta. Me levanto y te tapo, como al tesoro más valioso del mundo, con cuidado de no molestarte. Pero tú ya estás despierto y me coges la mano, sonríes y me atraes hacia ti. Un largo y perfecto beso que me demuestra una vez más lo maravilloso de tenerte. Con él, me das la vida cada día. Y sin saber cómo, el mismo impulso para levantarme de la cama, me traiciona y me hace volver a ella, contigo, para dártelo todo. 

Ahora si, ambos en pie, empezando bien el día. Sonriendo, como en una película, contigo en la cocina, preparando algo para desayunar, sin prisa, todo con mucha luz y mis ganas de más me obligan a abrazarte por detrás y susurrarte que te amo. Tu ríes, y te giras, tus manos en mí, deslizándose hacia mi cintura, mientras me miras, con esos imponentes ojos, y me dices algo precioso que me provoca un escalofrío. No importa lo que me has dicho, sólo el hecho de que vuelvo a besarte y me siento feliz.

Salgo a la calle, contigo, casi flotando del amor que siento, y tú sigues riendo, porque parezco una niña cogida a ti, mientras la gente nos mira, imagino que envidiando nuestra felicidad ya de buena mañana. La felicidad de una primavera, una juventud, el amor…

Y así transcurre el día, juntos, amándonos tan solo con mirarnos, entre bromas, risas y abrazos. Besarnos en cada farola, sin un motivo, sólo celebrar otro minuto juntos. Queriéndote y sabiendo que cada vez que me miras y sonríes te enamoras más de mí. Sin presiones, sin prisas, tiempo, todo el del mundo para nosotros. El regalo de una mirada, la dulzura de un beso, el aire que sale de tus labios al decirme que me quieres.

Acabar el día contigo, en casa, abrazados y que nos sobre hasta el aire que hay entre nosotros. Quererte, acariciarte, besarte. Tú, yo, palabras que llevan a besos, besos que llevan a la cama. Cama que nos llama y nos invita a hacer el amor. Con ternura y calma, entre algodones, bajo la mirada de la Luna, que nos observa y se sonroja desde la ventana.

Y volver a despertar al día siguiente, que la historia se repita. Pura fantasía e imaginación que el día que menos lo pensemos llamará a nuestra puerta convertida en realidad.

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