domingo, 17 de febrero de 2013

Verdad Verdadera


Las palabras de esa preciosa canción y que sabía que jamás le oiría pronunciar, ahora retumbaban en su cabeza como una pesadilla, acompañadas de un llanto incesante y silencioso cuyas lágrimas desembocaban en la mullida almohada de su cama. La oscuridad de la habitación arrullaba su vigilia y la acompañaba hacia el abismo de dolor que estaba a punto de alcanzar.
Todos creían que estaba por fin superando aquello, que ya nada la afectaba y que tal vez había encontrado un nuevo amor, pero nuevamente nada en ella cuajaba y todo volvía a venirse abajo con la facilidad con la que se desmorona un castillo de naipes. Nadie más que ella sabía de la fragilidad de su mente casi tanto como de la de su cuerpo.
Guardaba aún todo lo que le dijo en un pequeño tarrito bajo su cama, junto a los detalles y las sonrisas, un poco alejado de las discusiones, que también las guardaba, por supuesto.
Y aunque ella creía conocer la infelicidad de aquél que había sido tan importante para ella, no diría nunca nada, le dejaría seguir creyendo que aquello era ser feliz y se limitaría a repetirse una y otra vez las mismas palabras...
“Debería haber ido detrás de ti, haberte demostrado que eras todo lo que realmente me importaba y haberte hecho creer que aquello que tuvimos era todo lo que necesitábamos”

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