lunes, 7 de octubre de 2013

Vidas resueltas, dudas saciadas.

Nunca creyeron a ciencia cierta nada de lo que escuchaban, ponían en duda incluso aquello que sus propios ojos veían. Eran perfectamente escépticos, competitivos incluso, y maravillosamente anónimos. Nunca se habían visto, ni olido, mucho menos tocado. Así que pasaban por la vida ajenos a las cosas más elementales, buscando aquellas que requerían un proceso mental, concentración, búsqueda. Y buscaron, buscaron las respuestas a todas sus dudas, buscaron hasta que sus ojos se encontraron. En ese momento no necesitaron buscar nunca nada más, pues todos los misterios del Universo quedaron al margen, por una vez había algo indudable para ellos. Eran suyos de una forma arrebatadoramente irrefutable, se querían, se quisieron siempre. Y ninguna premisa sería suficientemente fuerte como para falsar aquél amor y hacer que dejaran de quererse.
Un amor filosófico, que no platónico. Vidas resueltas, dudas saciadas.

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