sábado, 6 de abril de 2013

Descarga emocional.


A merced de la poca luz que entra por la ventana, recorro las páginas de aquél pequeño álbum de fotos, como si buscase algo, como si al final, perdido entre las imágenes, fuese a encontrar la razón de mi tristeza.
Nos veo ahí, felices, riendo y haciendo el idiota, poniendo caras y morritos. Abrazados, saltando y siendo niños otra vez. Apartar la mirada y ver que en las paredes de mi cuarto ya no cuelgan nuestros cuadros, los dibujos, las entradas de cine y los recuerdos que nos trajimos de los viajes. Una lágrima resbala por mi mejilla y no puedo frenarla. Cae justo encima de una de mis fotos preferidas, aquella que tenemos en la playa, después de un largo día, firmada por todos. Y entonces comprendo que tengo que dejarlo todo atrás, guardar bajo llave todos aquellos recuerdos y deshacerme de las fotos. Así que cojo un barreño lleno de agua y vuelco en él todas las fotos. El papel se deshace igual que mi corazón, y rompo a llorar. Rompo a llorar porque fuisteis lo mejor que tuve y aún no me explico cómo pudimos perdernos. Éramos una familia, el consejo de sabios, los pilares de una larga y sincera amistad.
El error tal vez fue mío por volcarme en uno de vosotros cuando creí que me necesitaba, porque el resto le disteis la espalda inexplicablemente. Y ahora me arrepiento porque con el tiempo he comprendido que su amistad nunca fue sincera, que no estaba tan unida como los estábamos el resto. Cada día que pasa me pregunto dónde estaréis, y me odio. Me odio porque sé que ninguno se acordará tanto como lo hago yo.
Y duele, os aseguro que perderos duele.

*Con este texto no he pretendido crear un gran relato, sólo necesitaba descargar y ésta es la única manera que conozco de hacerlo. Si algún día lo leéis, acordaros de lo que fuimos.

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