Le di un vistazo a la noche, y me invitó a recordar aquellos momentos en los que la tristeza me llamaba con sus fúnebres ramos a velar mi felicidad. No había luna, y aquello hacía del cielo un lugar oscuro y misterioso, tan grande, que solo con una rápida mirada podías perderte entre sus nubes. Amenazaba lluvia. Pensé que era muy curioso que el cielo se sintiese como yo. Apagado y abandonado. Sin Luna, sin estrellas.
Cerré la ventana y me eché a dormir. Esa sería la primera vez que me taparía en todo lo que había durado el verano. Necesitaba sentirme protegido, dejar de sentir esa sensación de desamparo que recorría mi cuerpo en forma de escalofrío.
Intenté dormir, aunque fue en vano, pues entre los aullidos del perro del vecino, y el ruido dentro de mi mente no podía concentrarme…
Una vez más, me levanté a mirar aquel triste cielo, que parecía que reflejaba mis sentimientos un día más, con este triste pensamiento en mi cabeza.
Se preguntará el por qué de esta paranoica historia. Bien no es más que una mal de amores, un mal de amores el cual no cicatrizó bien. Hoy, dos días más tarde de esas largas noches, aquí me tiene sentado en mi acogedora habitación, redactando esta perturbadora historia.
No es, que escriba esto para que alguien en concreto lo lea, es más, no escribo ni siquiera para re leérmelo yo algún día. Escribo esto, quizás porque sea la única forma de que salga a fuera lo que ahora mismo me oprime el pecho. Ese sentimiento oscuro, esa falta de luz…
Créame enserio, si le digo que no tengo nada por lo que seguir adelante. Aún ni yo mismo sé porque estoy aquí sentado. Lo perdí todo, no me queda absolutamente nada por lo que luchar, sólo tengo este relato, cargado de recuerdos y mojado con el agua de mis lágrimas. Elegí engañarme, en vez de responder a los avisos de amigos y familia, y ahora estoy pagando por ello.
Nunca he sido tonto, ni mucho menos, pero me sentí verdaderamente estúpido cuando descubrí lo que tanto había temido, sinceramente, el miedo, el temor que tengo de expresar la verdad, todo lo que agoniza dentro de mí...
¿Cómo vivir sin esperanza? ¿Cómo vivir con el miedo de que todos los días sean iguales? ¿Cómo poder seguir adelante sin pensar que todo ha sido en vano?.
Creer que todo mejorará, que algún día todo será más fácil, simplemente es una idea optimista una fijación por no caer del todo en esta agonizante y desesperadora soledad, donde el miedo y la noche se apoderan de uno mismo y no dejan ver más allá del papel.
Creo que le podríamos llamar relatos para no dormir, realmente esta inquietud no me deja vivir, como saber qué está bien y qué está mal, como saber cuándo y cómo elegir... Mas no me gustaría aburrirle por eso aquí comienzo mi explicación a estos sentimientos.
Y la historia comenzó así, cómo quién no quiere la cosa, el momento más feliz de mi vida se tejía ante mis ojos y yo no era capaz de verlo. Ignoraba cómo aquella mirada daría a mi vida un cambio total.
De vuelta a casa, aquella mañana estuve pensando en lo bonito que era ver a dos personas que se querían, y me pregunté cuando me llegaría a mí ese pequeño placer. Lo que yo no sabía, era que la semilla del cambio brotaba en mi interior, y que no muy lejos de ese día, el momento más extraordinariamente bonito de mi vida llegaría, anidaría en mí el amor y me haría preso de una mirada.
Cuando el momento hubo llegado, mi alma y mi corazón no estaban preparados para tal estruendo. Me llevó cierto tiempo acostumbrarme a que hubiera alguien realmente interesado en mi felicidad.
Pero, cuando me hube acostumbrado, algo inesperado pasó. Lo que un día, y durante seis meses, fue mi mayor motivo de felicidad, se fue. Se fue para ya no regresar nunca jamás.
Fue en una mañana fría y triste del invierno más crudo que se recuerde. Era un poco como una de esas películas de domingo por la tarde en algún canal de televisión. Me desperté y no la encontré a mi lado. Fui a la cocina, y no estaba. Miré por la ventana y no había rastro de ella. Entonces, uno de mis mayores miedos se apoderó de mi mente. Miré en el armario, y su ropa no estaba.
Ahora lo pienso, y me creo imposible de volverme a enamorar. Pues el amor es el sentimiento más bonito del mundo. Pero también es el más efímero, pues tal y como viene se va. Y estoy seguro de que como dijo Bécquer, las golondrinas volverán, y traerán con ellas la maravillosa primavera y juventud del amor, pero nunca, nunca jamás serán las mismas golondrinas que divertidas, aquella primavera nos vieron enamorarnos y amarnos como si el fin del mundo fuera a llegar en cualquier momento.
Aún puedo recordar perfectamente la primera vez que la vi, todos aquellos sentimientos que en ese momento se apoderaron de mi corazón.
Pensé que no era real que eran imaginaciones ¿cómo alguien así se fijo en mi? Pero ahí estaba ella esa mirada tan cálida, tan dulce, tan acogedora... En ese momento yo no sabía que decir era el típico chico cautivado por la mirada de una pequeña princesa .
Pero algo tenía que hacer, mas no iba a quedarme mirado esos ojos embriagadores, así que decidí di hablarle. No conseguía articular frases enteras. Pero un tímido ¿Cómo te llamas? salió de mi boca. Ella, alegre, joven y fresca me respondió con una pícara sonrisilla de niña. Ese nombre, ese nombre es el que ahora me lleva de cabeza al olvido. Después de eso, nada más. Tenía que irse, y se fue.
No tardé mucho en volver a verla, pues mis ganas eran cada vez mayores, y algo en ella, me decía que las suyas también aumentaban. Yo no decía ni hacía nada extraño. No daba un solo paso más, la inseguridad se había apoderado de mí y prefería esperar a una clara ocasión, en vez de echar todo a perder por un solo impulso.
Poco a poco, nos fuimos acercando. Nada había más emocionante que ver crecer a esa niña a mi lado. Niña, porque apenas alcanzaba los dieciséis, pero con una gran fuerza en su interior. Me encantaba su manera de ser. Poder chincharla y saber que debajo de su cabreo se escondía una sonrisilla picarona, y que en pocos minutos volvería a besarme.
En aquellas circunstancias, yo solo sabia ponerme nervioso, sin saber un por qué aquella mirada no me dejaba pensar en otra cosa que fuese ella. En aquel lugar, con aquella persona que apenas conocía, era estar en paradero desconocido, mas aquella sensación nunca llegó a incomodarme, todo lo contrario yo estaba muy bien allí.
Día tras día solo podía pensar en lo ocurrido, en todo aquello que sucedió en tan poco tiempo, en aquella pequeña historia la cual ella y yo íbamos creando.
Todo era perfecto pero algo dentro de mí sentía que no sería eterno y poco a poco sin ni saber porqué ese miedo me comía.
¿Pero miedo a qué? Yo creo que la quise, y no sé si supe demostrárselo. Sus ojos grandes me observaban. Intenté enseñarle que la vida no es como la queremos ver, y siempre hablábamos largo y tendido. Lo nuestro era una bonita historia. Teníamos tanto en común que eso me producía pavor. Me gustaba aquella sensación, la sensación de tener alguien que me cuidaba y me quería, que hubiera hecho lo impensable por mí, que me hacía reír, que me hacía sentir bien, que me amaba. Hasta entonces había dado mucho sin recibir apenas nada, pero desde aquél momento, había empezado a recibir algo a cambio. Todo el cariño y el amor que una muchacha es capaz de dar, todo aquello era mío. Y quizás aquella era la sensación que me asustaba.
Intenté no pensar en ello, porque iba a darle vueltas una cosa que estropeaba todo lo bonito que tenia la vida, todo lo que me unía a ella, pero luchar contra algo que no sabes de donde viene es muy difícil, y sin quererlo ni beberlo me encontré en medio de todo el percal, todo provocado por mí, absurdo pero real…
Y supongo que así sucedió todo. No me atrevía a decirle lo que me pasaba. Le daba largas para quedar, y por fin un día me digné a decírselo.
Intenté suavizarlo lo máximo posible, pero la finalidad era la misma. Supongo que ya no la quería, no como antes. Si bien algún día la quise, ya no.
No puedo evitar pensar en que ahora puedo ser más feliz que cuando sabía que no la quería y la tenía, pero los fantasmas del pasado vuelven a mí y prefiero no pensar en cómo se sentirá ella ahora mismo, o en cómo se sintió aquella noche…
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